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| Olvidado del amor. |
Después de haber visionado sus películas para constatar el grado de transgresión que suponen, me hallo en la posición de disentir. No discrepo de la estética, ni del porno de los actores, ni de la locura que retrata tan maravillosamente bien. Me opongo a la figura de mujer que perfila, porque no es tal.
Lars Von Trier se centra en la mujer como pretexto para ocultar el miedo que siente ante ella. Dibuja a la ninfómana, a la bruja, a la novia, a la inocente, porque las teme con un pavor inconmensurable. No admira al sexo opuesto, no lo interroga, no sabe nada de él ni quiere saber; su punto de vista es masculino. Es el de un hombre que se disfraza de mujer, que se envuelve en la piel femenina con el fin de anularla: el lobo disfrazado de piel de cordero.
La ninfómana no es una mujer, no piensa ni siente como tal, es un muelle sin apenas sentimientos que sólo clama que la dejen seguir siendo así. Lars Von Trier la destruye como fémina: llaga su vagina y destroza los frutos de la misma (abandono del hijo y masacre del feto).
A la bruja del Anticristo le da el mismo trato: mutilación del clítoris, maltrato y asesinato del hijo.
Sus novias cinematográficas tampoco pueden ejercer como tales. Aquí el director hace un trabajo fino envolviéndolas en el velo de la locura. Lo mismo que a la inocente y a la sensata; no les deja tan siquiera el hilo de Ariadna para ver la luz.
Tildado de “neonazi” realmente lo es con respecto a la mujer, no le ofrece escapatoria (la ahoga, la veja), no le concede el ser.
¿Qué es la mujer para que haya hombres que la teman? ¿Cuál es su diferencia genérica y cómo sobrevive en un mundo unisex? ¿Por qué se la neutraliza?
Ciñéndonos al cine “larsvontrierano”, hay dos aspectos esenciales que el director no toca, pero que sí lo haría si fuese una directora:
1º Toda mujer que se precie tiene “cura de sui”, cuida de su cuerpo y de su alma, independientemente de las relaciones que tenga con los demás.
2º Los orgasmos femeninos cubren leguas de fantasías eróticas a las que un hombre jamás podrá acceder.
Las mujeres larsvontrieranas no se cuidan y su relación con el sexo es de culpabilidad y de dolor. No hay placer, no hay goce, sólo disolución y una dependencia exagerada con respecto al hombre. El falo sigue siendo el tótem, y la vagina un agujero negro que devasta la vida.
Apostilla: tanto la “cura sui” como la fantasía o irracionalidad hacen que el ser humano se distancie de la cosa y del animal. De ello se colige que la mujer, en tanto parte de esa humanidad, es la más avanzada.

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