dijous, 30 d’abril del 2015

El sentimiento profundo.


Orfeo y Eurídice.
Cuando Orfeo perdió a Eurídice el mundo se quebró, y de la grieta profunda de su alma emergió un canto prístino, tan claro, que turbó a los seres vivos del bosque.

El canto prístino de Orfeo fue el origen de la poesía mágica, de la unión entre el poder nominativo de la palabra y el sentimiento hondo del hombre.

La poesía mágica nombra la verdadera esencia de las cosas. Hace que el hombre pueda alcanzarlas y fluir con ellas. De esta forma Orfeo fluye con Eurídice, a pesar de que su alma siga encadenada en los infiernos.

El poeta, el que logra expresar el sentimiento profundo del hombre, es quien intuye la ánima de la realidad y la fija en un instante mágico. Pone en boca del hombre el mismo lenguaje del cosmos, para poder circular por él, para integrarse en lo real. Con la cultura (poesía, arte…) el hombre participa de la energía creadora. Tiñe de sentimientos el paisaje de la vida.

Para ello la Naturaleza ha de ser algo más que lo natural. La ciencia la desacraliza, pero la poesía le otorga valor religioso. La naturaleza es el receptáculo de las manifestaciones de lo sagrado. Véase, si no, a doña Rosalía de Castro:

“Pero tú, sacra encina del celta,

y tú, roble de ramas añosas,

sois más bellos con vuestro follaje

que si mayo las cumbres festona

salpicadas de fresco rocío

donde quiebra sus rayos la aurora,

y convierte los sotos profundos

en mansión de gloria.”

La naturaleza comprende también lo inanimado: en el canto de Orfeo no sólo los pájaros enmudecen, sino también los vientos suspendían sus hálitos y las fuentes dulcificaban el murmullo de sus aguas. La hipnosis de la magia alcanza cualquier elemento del universo. Emily Brontë nos habla de las chispas divinas:

“Tendida en la ladera soleada,

sola, una tarde de verano…

Me pareció que el aire que respiraba

estaba lleno de chispas divinas

y que mi lecho de brezo estaba adornado

con ese brillo celestial.

Y mientras la ancha Tierra resonaba

como un eco a su extraña melodía,

los pequeños espíritus brillantes cantaban,

o parecían cantarme…”

En el Romanticismo se dio la expresión más alta del sentimiento profundo. El hombre romántico hace epokhé de la realidad para acceder a dicho sentimiento. El mundo siempre será un obstáculo para los anhelos del corazón y el romántico concebirá la vida como un destierro. Los estados de ánimo extremos y las situaciones-límites abrirán los ojos del poeta al dinamismo de la naturaleza. Sentirá un dolor cósmico. Su sentimiento planeará sobre todas las caras del universo. El yo del poeta absorbe la naturaleza.

1 comentari:

  1. Veamos si logro una sonrisa:

    Un pescador, vecino de Bilbao,
    cogió, yo no se donde, un bacalao.
    ¿Qué vas a hacer conmigo?
    (el pez le preguntó con voz llorosa)
    El respondió: te llevaré a mi esposa;
    ella, con pulcritud y ligereza,
    te cortara del cuerpo la cabeza;
    negociaré después con un amigo.
    y si me da por ti maravedises,
    irás con él a recorrer países
    ¡Sin cabeza! ¡Ay de mi! (gritó el pescado)
    Y replicó discreto el vascongado:
    ¿Por esa pequeñez te desazonas?
    Pues hoy viajan así muchas personas

    (Juan Eugenio Hartzenbusch)

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