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| Jaches Derrida. |
El proceso mediante el cual el óptico construye la lente perfecta parte de la destrucción de los cristales anteriores. Al no considerarlos perfectos, uno a uno, sometidos a un análisis minucioso, acaban pulverizados.
La deconstrucción fue el método de Jaches Derrida. Filósofo estructuralista que se sitúa fuera del discurso racional. Busca que todos los discursos tengan la misma validez, y no en exclusiva el racional. Para ello margina y fragmenta, religa y relee desde todos los ángulos. Recompone, desplaza, disocia los significantes. Se sitúa en el límite del discurso.
Derrida acentúa el carácter no representativo del lenguaje, buscando la diferencia, la alteridad: esas categorías antaño secundarias del ser y, ahora, colocadas en primer plano. Si para Heidegger el lenguaje constituye el medio en que tiene lugar la historia del ser, para Derrida es la clave de la propia destrucción de esta historia.
Animado por el estructuralismo de Saussure, desde la lingüística critica a la metafísica. Autosuperará la metafísica remontándose a los inicios de esa escritura fonética cooriginaria con el pensamiento occidental. Irá deconstruyendo los significados que tienen su fuente en ese logos, en esa palabra hablada.
Derrida es un filósofo de la modernidad, una época en la que ya no se pone en perspectiva la totalidad de un contexto de sentido. La tradición es cambiante, el único sustrato que queda es el signo escrito. Los signos son la materia que sobrevive a la huella de un espíritu que ha huido. La forma escrita es la que libera al texto de su contexto. Ya no hay autor, ni destinatario, ni presencia del objeto del que se habla. Será la garantía para que un texto pueda leerse en variados contextos.
Si para Husserl lo principal es la idealidad de significados del lenguaje, por encima del querer comunicar y del sustrato sígnico; Derrida lo invierte: la idealidad será la forma sensible del significante. La expresión se mantiene inteligible, independientemente de la intención de lo que se dice y, también, de la estructura de la experiencia del objeto. La expresión hace desplazar a su representación. Sólo así se abre mundo.
El sustrato sígnico o protoescritura posibilita las diferenciaciones abridoras del mundo. Lo inteligible será así lo sensible diferido; la cultura será la naturaleza diferida o aplazada. El sujeto ya no será el protagonista de la intuición de las ideas, de la presencia de la mismidad; ahora dependerá del poder originario fluidificado en el tiempo. Estará sometido al laberíntico juego de espejos de viejos textos.
Derrida muestra así su proximidad a la mística judía y a la Cábala, en donde se muestra una Torá oculta que muda continuamente de trajes. Estos trajes son la tradición. Es el libro del mundo escrito por Dios, del que sólo quedan rastros, huellas, fragmentos. La autenticidad residirá en aquello marginal y periférico. Comparte la labor de la dialéctica negativa de Adorno de criticar a la razón autoritaria centrada en el sujeto. Es el fetichismo del desencantamiento

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