dissabte, 18 de gener del 2014

Baruch Spinoza.


Spinoza.
Jan sabía que había un principio vital en la naturaleza que lo regía todo. Un éter luminoso en el cuál se movía el alma universal. Una inteligencia en devenir que iba despertando poco a poco. Y que los espíritus se agarraban a ella como un clavo ardiendo.

¡La luz! Ir tras ese éter. ¡Tamaña imposibilidad! ¿Por dónde empezar? ¿Cómo consiguió el óptico la estrella del destino? Tuvo que crear una lente especial que diera con su luz. Se acordó entonces de Spinoza, de cómo pulía las lentes mientras meditaba filosóficamente.

Baruch Spinoza, judío holandés, de origen español, expulsado de la sinagoga en 1656 por blasfemo; experto en Cábala, talmudismo, filosofía judía medieval, escolástica, renacentismo y cartesianismo. Quiere buscar el bien supremo que serene el ánimo y lo halla en Dios como unidad del universo. Pero su búsqueda es desde el conocimiento racional, eliminando lo que sea erróneo.

Parte del método cartesiano y considera que el conocimiento debe comenzar con las definiciones fundamentales. Definiciones, axiomas, postulados, y de ellos a las proposiciones que requieren demostración. En definitiva, se trata de un sistema deductivo, con corolarios y escolios, engendrado a través de la experiencia, pero siendo autónomo de la misma gracias a la razón.

Spinoza no niega la experiencia de la vida cotidiana, fuente del conocimiento científico y de cómo ubicamos un objeto en la realidad. Reconoce las percepciones sensibles y su función, pero también que el entendimiento procede de otro modo al intuir las esencias de las cosas. La experiencia no permite aprehender la esencia, sólo el entendimiento lo hace por vía de las definiciones precisas, que atienden a lo permanente, no a lo accidental.

El modo más perfecto de conocer es el que llega a la primera causa, y las verdades aprióricas de nuestro ser han de coincidir con las leyes y el fundamento de todo ser. La primera causa es Dios, Realidad o Substancia, causa de sí misma, esencia que envuelve su existencia. Como lo identifica también con la Naturaleza, de ahí el escándalo: que no se establezca una separación entre Dios y su Creación resulta blasfemo.

Esta realidad infinita posee dos atributos: el pensamiento y la extensión, que, a su vez, se expresan por medio de modos. Todo queda recogido en la Substancia, mediante un sistema determinista dominado por la necesidad. La razón es la que concibe la necesidad, en tanto que la imaginación, la contingencia.

Pero la razón no anula la pasión, sino que contempla sus causas, puede desligarse y ser independiente. La pasión, los afectos, sustentan la perseverancia del ser como principio propio de toda cosa. El esfuerzo por mantenerse en su ser es la actualización de la esencia.

Jan supo al instante que el óptico que buscaban alcanzó la Perfección con su trabajo, al igual que Spinoza hizo con su sistema, pero que, a la vez, había caído en el pozo profundo de la blasfemia. Como Prometeo, el precio a pagar por alcanzar la inmortalidad, le resultó demasiado elevado.

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