dissabte, 1 de febrer del 2014

Mística judía.

Estrella de David.
Jan se reunió con Sebas y Evaristo en el despacho parroquial de la Catedral de Barcelona. Allí les explicó las conclusiones a las que había llegado tras la observación del medallón. La sombra se trataba de un óptico, que logró la inmortalidad fabricando la lente perfecta, para alcanzar la luz del destino de una estrella. Por las características del evento, tuvo que acontecer en el s.XVII y dentro de la atmósfera judía.


Sólo los judíos poseían un conocimiento superior para alcanzar tamaña hazaña. Evaristo asintió entonces, señalando que los demás siempre hemos sido unos lerdos. Más tarde, llegaron a la conclusión de que tenían que rastrear el barrio judío, o lo que quedaba de él, pues la sombra es posible que se refugiase en sus orígenes.


Al recorrer las calles enseguida dieron con las letras hebreas que señalaban la sinagoga. Jan se quedó extasiado ante su contemplación, y sin más se dirigió a la pequeña librería judía, plagada de símbolos, ubicada en la esquina. Mientras Sebas manipulaba el candelabro de siete brazos de la tienda, y a Evaristo le llamaba la atención unas camisetas con la estrella de David, Jan se dedicó a conversar con el dependiente sobre el alfabeto hebreo.


“Muchas luces se irradian de cada palabra y de cada letra”. Para el estudio de la Cábala o mística judía es clave entender que la Torah o Pentateuco tiene múltiples interpretaciones, según la combinatoria de su sutrato material o grafemas. Los cabalistas consideran las letras como configuraciones de la luz divina. Así la Torah expresa el nombre de Dios, que abarca la totalidad del poder divino: las leyes ocultas de la creación.


Además la Torah es un tejido vivo que plasma la vida interna de Dios. Posee infinitos significados según los distintos niveles y capacidad de quien los contempla. Pues la insondable palabra divina es inagotable. Continuamente revela nuevas combinaciones de letras que darán contenidos diferentes según se vaya fraguando el futuro.


Pero esta luz divina que emana, también puede ser reflejada desde las cosas, a modo de espejo, hacia su fuente. De hecho, el problema del mal consiste en la alienación de las cosas creadas de su origen. Y aquí, le explicaba el dependiente a Jan, podemos entrar en la cuestión de la cábala práctica como magia. Pero una magia entendida como la búsqueda del provecho propio: hallar atajos mágicos, descubrir tesoros, resultar inexpugnable frente a los enemigos.


Al experto en este tipo de cábala se le denomina “el señor del nombre”, y es capaz de fabricar amuletos, invocar a ángeles y demonios, exorcizar a los malos espíritus… Sus conjuros podían inducir también los poderes pneumáticos de las estrellas. Ver el éter zafírico de los hombres. Y preparar anillos mágicos que cruzan la ciencia de la combinación con los motivos astrológicos.


Cuentan que el origen de estos brujos tuvo lugar en las denominadas montañas oscuras. Allí se reunían con los ángeles caídos, que les enseñaban a mezclar lo puro con lo impuro.

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