dimarts, 29 d’octubre del 2013

Mujer enamorada.


Sin palabras.
Hay diferentes clases de amor. Existe el amor por necesidad, el amor racional, el amor por convicción, el amor visceral, el amor fragmentado, el amor absoluto, el amor olvidado, el amor abstracto, el amor sólido, el amor pasajero, el amor estratosférico y el amor racional. Cada persona ama siguiendo un tipo de amor diferente. La elección depende de las características personales, del inconsciente del individuo, de cómo nos relacionamos los unos con los otros, de las necesidades sociales, de las aspiraciones y, sobre todo, de la familia; del exceso de familia.

El padre y la madre siguen imperando en la elección del amor. Sea por rebote o por darles gusto, consciente o inconscientemente, los padres marcan el amor de tu vida. Si eliges un amor terrenal, con los pies pisando fuerte, probablemente has tenido una relación parental bastante coherente. Si eliges un amor estratosférico, algo ha fallado en esa relación que hace que mires más allá de las nubes. Si eliges un amor pasajero, tu familia ha sido un bluf. Si es sólido, el hogar ha sido una roca. Si es abstracto, significa que los miembros familiares se han movido en un mundo de ideas. Si es olvidado, el mismo sentimiento de olvido produce tu familia.

Un amor absoluto, indica una tendencia familiar dictatorial. Uno fragmentado, que sólo han tenido en cuenta una faceta de tu persona. El amor visceral, es el de la supervivencia familiar. El de convicción, indica una familia demasiado política. El racional, el de sentido común catalán. Y, por último, el de necesidad, quizá, por ausencia familiar. Paradójicamente, el de necesidad puede parecer el más libre. No hay padre, no hay madre; por tanto, no hay marcaje. Pero es la ausencia la que deja huella y, como contrapartida, la persona busca un anclaje.

Es un amor fundamental, de presencia necesaria. No vale decir: estoy, pero no estoy. No vale decir: me gustas, pero no entiendo nada. No vale decir: comprendo tu actuar, pero no lo comparto. No vale decir: te sigo, pero no estoy contigo. Es el amor más exigente, pues no es virtual. Es el de cada día, el casero, el de bata y mocho. Se suele confundir con lo que denominan ahora “dependencia emocional”. Si exiges la presencia del otro, te llaman dependiente. La concepción individualista está tan sobrevalorada, que si cada miembro de la pareja no hace su vida aparte, es mal visto.

¿La pareja enamorada es dependiente? Totalmente, es más, con carácter exclusivo. Si no hay exclusividad, no hay amor; o éste se ha diluido de tal forma que ha transmutado en otra realidad. A veces, no sabemos ya qué realidad pisamos, pues se cruzan varias en un mismo instante: el amor, el desamor, la amistad, la compañía y la soledad.

divendres, 25 d’octubre del 2013

Merlín o la historia de la locura.


Merlín y su amada.
Hubo una batalla en el s.VI, en la frontera anglo-escocesa, que enfrentó a diversos pueblos bretones. Uno de los caballeros participantes enloqueció, y se retiró a los bosques, donde vivió a partir de entonces. Cuentan que desarrolló dotes proféticas que hicieron poner en ridículo a los druidas. Fue un gran conocedor de brujerías, construcciones maravillosas, y emplazamientos remotos con fines terapéuticos. Adquirió infinitos saberes materiales y espirituales. También oscuros poderes, practicando alquimia y ritos mágicos.

El origen de Merlín fue la locura. Desde antaño se consideraba que la locura era infligida por poderes sobrenaturales. Luego, fue denunciada como irracional y supuesto naufragio del alma. Se buscaron remedios, en especial los monjes medievales, que escribieron numerosos tratados herbolarios y manuales médicos. Acogieron a los poseídos de locura en los monasterios y los cuidaban. En la Ilustración, se identificó el delirio con la falta de educación. Se consideraba que los locos tienen proposiciones falsas que hay que corregir. Pero se seguía ignorando las conexiones entre el cuerpo y el alma.

Todas las sociedades quieren marcar lo diferente como lo desviado y peligroso. A los locos se los exponía en exhibición como si de un zoológico humano se tratara. Aunque también hubo una corriente histórica que identificó el genio con la locura. Véase el “Elogio de la locura” de Erasmo de Rotterdam, o el ideal del delirio del Romanticismo. También la vanguardia de “fin du siècle” consideró que la genialidad provenía de la locura. Hasta Freud llegó a decir que el arte es hijo de la neurosis. Es el trastorno creador.

Surgieron clínicas de nervios, sanatorios, y heroínas trastornadas que se pusieron de moda, como Ofelia o la maníaca de Jane Eyre. Aunque para la familia burguesa seguía siendo vergonzoso tener un loco en la familia. Se los encerraba en asilos. Antiguamente en sótanos o porquerizas. A partir del reinado de Luis XIV se empezaron a encerrar en hospitales a todos los individuos problemáticos como medida cautelar (indigentes, bandoleros, prostitutas, desquiciados). Correccionales y hospicios empezaron a proliferar por toda Europa. La institución redujo la locura a ausencia de humanidad. A los locos se les negaba la razón y los derechos legales.

La psiquiatría fue la práctica que se desarrolló para manejar a los enfermos internos. La experiencia y la innovación constituirán el tratamiento. La psique delirante se someterá mediante ingenio. Con amabilidad, suavidad, razón y trato humanitario se llega a restaurar el autocontrol. Atrás quedó la custodia, los fármacos y la sujeción física que imperaban hasta ahora. La labor de la psiquiatría será reanimar la razón o conciencia. Con Freud quedó claro que el ser humano no es dueño de su propia casa. Ya no se trata de falta de educación como sostenía la Ilustración.

El avance del psicoanálisis y el descubrimiento de las infecciones bacterianas en la patología del cerebro fueron claves. La penicilina se introdujo en el 1940. En 1949, el litio (primer fármaco psicotrópico). Luego, compuestos antipsicóticos y antidepresivos, que permitieron a muchos pacientes abandonar el hospital psiquiátrico. El Valium, en la década de los 60 o el Prozac, en los 80. Nace la terapia cognitiva y la psicología clínica (sesiones grupales, terapia familiar, adopción de roles, modificación del comportamiento…etc).

La pregunta que el viento se llevó sería entonces: ¿Y si todos nos volvemos normales, dónde quedarán esas facultades maravillosas de Merlín? Mi brujo amado, por favor, no te vayas.

diumenge, 20 d’octubre del 2013

Cosmos.


Cosmos.
El filósofo surge con el cosmos. Traspasa los límites de lo dado en la apariencia sensorial y va a buscar aquello que rige el universo. El filósofo piensa que el mundo natural es racional y que está sujeto a una norma rígida. Esta visión del mundo como razón es el cosmos. Su visionario, el filósofo.

¿Cómo surge esta visión? A través de la política, de lo humano. El filósofo se forma en la ciudad griega (polis), en la democracia, donde impera la justicia (diké). La diké será la que proyecte la polis al universo. Si el mundo político es como debe ser (según justicia), el mundo natural también. El microcosmos de lo humano aparece así ligado al macrocosmos de la naturaleza.

Los dos filósofos clave que surcaron este camino fueron Anaximandro y Heráclito. Anaximandro nos dejó el siguiente código encriptado: “El principio de las cosas que son es lo ilimitado; pero de donde surge lo que es, allí deben volver deshechas por necesidad; pues las cosas se dan mutua satisfacción y reparación por su injusticia, según el orden del tiempo”. Si Tales redujo la explicación de la naturaleza a un estado de la materia (el principio del agua). Anaximandro dedujo todos los estados a partir de una sustancia primaria: el principio (arjé) de lo ilimitado (apeirón).

Implica un avance en la comprensión de la materia. Lo ilimitado e infinito es capaz de movimiento eterno que genera, a su vez, un proceso de separación: lo caliente se separa de lo frío. Este último solidifica la tierra, y lo caliente forma la envoltura de fuego. El proceso en cuestión se basa en la injusticia de las cosas. Si lo justo es lo igual, la injusticia es el tomar más de la cuenta. La parte que toma de más ha de pagar a la perjudicada. Esta reparación debe hacerse en plazos determinados de tiempo. Así funcionaba la justicia en la polis y, por ende, en el universo.

Heráclito amplía la noción de Cosmos de Anaximandro como orden legal. Proclamará una ley del universo superior a la ley humana. Esta ley universal será el “Logos” y la sentencia heraclitiana la siguiente: “Este Cosmos fue siempre, es y será, fuego siempreviviente, encendiéndose y apagándose según medida”. Al fuego le alimenta su propia consunción. Su ser va siendo al ir dejando de ser, como el río que fluye o el camino que se desanda. Expresa una idea dinámica de la naturaleza o physis. Fluctuando la llama del fuego según su propia medida, así permanece el “Logos” o la razón del universo.

Esta razón también debe conseguir que los hombres despierten a la verdad. El logos es el poder pensante del hombre, indispensable para poder gobernar el universo. Una vez más se expone la religación del micro con el macrocosmos. Todos somos Cosmos, todos debemos velar por él.

dilluns, 14 d’octubre del 2013

Tales o el origen de la filosofía.


El principio del agua.
Érase una vez en Mileto un hombre que quiso ver más allá del pensamiento mítico. Eran tiempos de Nabucodonosor II de Babilonia que, al acabar con los fenicios, dejó libre a los griegos el dominio del mar. Mileto se convirtió en uno de los principales puertos del Egeo, y a principios del s.VI a. C en una verdadera polis, ciudad hegemónica. Dominó el comercio, la construcción de bellos templos, e inició la tradición científica occidental.

Tales pertenecía a aquella polis y se deleitaba caminando abstraído mientras observaba los fenómenos celestes. Cuentan que una vez se cayó en un pozo y que su criada se burló de él diciendo: “quería saber las cosas del cielo y no veía lo que tenía bajo sus pies”. Esta es la crítica que se le suele hacer a la filosofía por poco práctica. Pero, en cambio, Tales fue capaz de realizar una fructífera operación comercial, al predecir una extraordinaria futura cosecha de aceitunas.

He aquí la ambivalencia del filósofo en general: parece torpe, pero llega más lejos que cualquier hombre corriente. Tales anunció también un eclipse de sol, gracias a sus estudios. E introdujo la demostración matemática y la geometría deductiva. Su sentido científico despertó en él la idea de intentar explicar el fundamento de las cosas por un camino diferente del mito. No quería invocar la ayuda de agentes sobrenaturales.

Para Tales hay tres formas de lo que existe: a) nube o vapor b) agua c) tierra o piedra. Vapor y tierra derivan del agua. Como la tierra y el cielo constituyen el universo, éste será en esencia una gran masa de agua. Las observaciones que hizo de los procesos de congelación y evaporación del agua, suponen la base de su teoría del universo. El agua es el principio originario de la physis. Es el origen a partir del cual todo se desarrolla y renueva continuamente.

Es la realidad que subyace. Este fondo originario que sitúa en el agua, como parte visible de nuestro mundo, tiene algo divino. De ahí su sentencia: “todo está lleno de dioses” como “todo está lleno de una misteriosa fuerza viva”. Tales ha observado también el magnetismo y de aquí infiere la unidad de toda la realidad como algo viviente. La experiencia de la physis es una nueva fuente de conocimiento de lo divino.

Tales indagó sobre el principio del cambio y así inició la filosofía. La noción de arjé o principio es clave en los inicios de la filosofía. Se busca lo que rige, lo que fundamenta, lo que subyace, lo primero, lo supuesto en toda presencia. La luz que hace que todo acontezca y que concede a cada cosa su lugar. El brillo de lo que se oculta y sustenta todo. El ser. La realidad última de la apariencia y el movimiento, que ya no se consulta al oráculo, sino a la razón humana.

dissabte, 5 d’octubre del 2013

Relato fantasioso.


Poliandria.
El problema sentimental que podría tener Hera, en tanto mujer casada, no es el encuentro con Adonis, el bello amante joven, que tantas vicisitudes ha ocasionado a las heroínas de novelas, como Madame Bovary o Anna Karenina. Hera, con su firmeza, podría con ello. Tampoco sería tan grave que Zeus, su marido, le diera el salto de vez en cuando. Ya está acostumbrada a ello, y lo vuelve a traer al redil siempre como un corderito.

El verdadero problema de Hera sería que el amor apareciera en su vida al estilo de Avon llama a tu puerta. ¿Qué haría con él? ¿Darle un portazo como Meryl Streep en “Los puentes de Madison”, o Ingrid Bergman en “Casablanca”? En los tiempos actuales ya no se hacen tantos sacrificios como antaño por mor a la causa. La mujer, hoy en día, ya no renuncia tan fácil o costosamente, según se vea, al amor. Hera lo ve claro, y como no es Afrodita, ni Atenea, ni tampoco una bruja poderosa, y ama también a Zeus, decide plantearle, ni más ni menos, tener dos maridos.

Ante la propuesta, Zeus echa chispas y lanza truenos, amenaza con abandonar a Hera en una isla desierta y largarse con Afrodita. La monserga, después, con un largo discurso sobre la superioridad de la monogamia y el bestialismo que supone lo polígamo. En definitiva, la fulmina. 

Hera, con su paciencia, espera a que pase la ira de Zeus. Le argumenta, entonces, la previsibilidad de Afrodita para afrontar una vida conjunta. Si se va con Afrodita ya sabe lo que le espera. Con Hera, en cambio, todo es complicación y nada está dado de antemano. La vida se convierte en aventura.

Más tarde le razona que la poliandria es una ayuda para la mujer. Tener dos maridos que la sirvan y le ayuden con la crianza de los hijos, es una gran ventaja para la supervivencia de la prole. Después de todo, ya hay antecedentes en pueblos del Nepal, donde impera el matriarcado. Etológicamente, también en los monos titís dos machos ayudan a la hembra con sus crías. En fin, que no es tan malo.

Zeus, perplejo, toma en consideración lo dicho por Hera. Sabe que con Afrodita se acabaría aburriendo, en cambio, con Hera, el morbo está asegurado. Así que accede a su petición, pero antes, se guarda las espaldas consultando con la Musa, quien le inspira que sea sólo él quien escoja al segundo marido.

De esta manera, Hera acaba con el gozo en un pozo. Zeus jamás escogió al amor, sino al pretendiente que menos le gustaba a ella, para acabar, así, con sus pretensiones poliándricas. Hera se despidió del amor finalmente, y siguió pensando que en toda circunstancia el destino de la mujer sigue siendo siempre trágico.



dimarts, 1 d’octubre del 2013

El sheol.


Inferno.
Después de la muerte de Sócrates aconteció un sacrificio aún mayor que fundó el cristianismo. Un viernes a las tres de la tarde, alrededor del año treinta de nuestra era, expiraba un crucificado en Jerusalén. No tardaron mucho en bajarlo del madero y depositarlo en un sepulcro cerrado. Nadie supo qué paso en aquel sepulcro, pero al tercer día, apareció abierto y vacío. El dogma dice que Jesucristo bajó al sheol, a los infiernos, durante ese tiempo.

En el pensamiento mítico, a veces, un héroe consigue bajar al reino de los muertos y obtener noticias de ellos e, incluso, arrebatar alguna alma a la muerte. Pero no consigue lo que hizo Cristo: vencerla para siempre. La particularidad del Mesías, además, es que no descendió vivo para volver a surgir intacto del mundo inferior, ni tampoco fue a buscar a ninguna alma en concreto, ni noticias de lo que sucedía allí abajo. Lo que hace es escatología, dar un paso definitivo: en su propio destino decide el destino de todos.

El bautismo de Cristo en el Jordán fue ya anticipatorio de su inmersión definitiva en el abismo del caos. Hay una sentencia de Jesús en Mt 12, 29, que dice: “¿Cómo puede uno entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata antes al fuerte? Entonces podrá saquear su casa.” La respuesta al vencimiento de la muerte es: estar muerto, para poder estar en el lugar y en el estado de los muertos. Se trata de estar con ellos, de hacerse solidario a ellos. No de situarse frente a ellos, en una posición de observación, para luego informar sobre ellos.

El muerto está privado de vida, de fuerza, de actividad, de contacto con Dios y los hombres. En la tumba dominan las tinieblas de la perfecta soledad. Jesucristo experimenta con los muertos el abandono de Dios. Conoce así todos los estados del ser humano: su vida y su muerte. Además, tiene una experiencia de estar muerto y abandonado más intensa que cualquier otro hombre, por ser quien es, el Hijo de Dios.

Al ser Dios, una de las personas trinitarias, la experiencia del abismo queda fuera y dentro de él. El Sábado Santo es Él mismo en la alienación perfecta de sí mismo. Es Dios y es anti-Dios, porque deja de disponer de sí hasta la impotencia última de morir y estar muerto. Es la entrega total del Hijo, que recorre hasta el final el hecho de ser hombre. ¿Cómo puede permanecer en el infierno y salir vencedor si está alienado de sí mismo, impotente? Por amor. En su voluntad libre, obedece al Padre por amor y sale victorioso. Consigue salvaguardar su identidad en la no identidad, manifestándose así omnipotente. La consecuencia es la Resurrección de Él y la de todos.

En su sacrificio autoalienante de sí mismo, el mayor que cabe, nos salva a todos. Penetra en el ámbito de poder más íntimo de su enemigo, se infiltra y lo derrota. Victor est.