dijous, 21 d’abril del 2016

De rosas y libros.


La rosa para la más bella princesa.
La celebración de San Jordi es una fiesta primaveral, en la que aparecen los sonidos, los olores y los colores de esta época del año. Suele coincidir con las ferias medievales, ya que la leyenda del caballero, la princesa, el dragón y la rosa, se establece en la misma época en que se constituyen los mercados de las villas. En el imaginario colectivo catalán la edad media ocupa un espacio relevante.

Al igual que los mercados medievales, San Jordi se celebra en la calle, en donde se invita a los caminantes a leer y se les ofrece rosas rojas de amor. Tanto la feria medieval, que representa el simbolismo del renacer de la primavera, después del invierno árido; como la figura de San Jordi, el caballero de la rosa, son propias de las culturas mediterráneas, enlazadas a los ritos ancestrales de la fertilidad y de la vida.

La fiesta de San Jordi, de todas formas, es única. Reúne en sí misma la celebración del patrón de Cataluña, el día de los enamorados, el día del libro, y el inicio de la primavera. El patronato de esta figura acontece a raíz de la Reconquista, cuando los caballeros lo rescatan como emblema en la lucha contra los musulmanes. San Jordi era un soldado romano que se convirtió al cristianismo durante las persecuciones y murió mártir. Como era uno de los primeros, fue muy venerado, especialmente, durante las Cruzadas en Tierra Santa.

Influyó también en la difusión de su figura la leyenda de Jacopo da Varazze en el s.XIII, en donde ya aparecen los atributos del santo: el dragón, símbolo de la naturaleza instintiva, que se ha de transformar para brotar la sabiduría; el caballo blanco, identificado con Pegaso, nacido de la sangre de la decapitada Medusa, asesinada por Perseo; la lanza, aviso de la lucha interna de uno mismo; el caballero vestido con armadura, arquetipo del soldado protector; el escudo, que es uno de los emblemas más utilizados en la heráldica medieval (la cruz roja sobre el fondo blanco, símbolo de los cruzados); finalmente, la dama frágil, que representaría a la Iglesia en aquella época.

No obstante, fue la leyenda de Montblanc, la que añadió el elemento propio de la narración popular catalana: la rosa. De la sangre del dragón emergió un rosal de rosas rojas y San Jordi cogió la más bella para la más bella de las princesas. Un acto de amor que convierte la fiesta del patronato en el día de los enamorados. Así como también en la fiesta floral por excelencia, que ya desde la época greco-romana se celebraba a finales de abril, dedicada a Flora, la diosa romana de la primavera.

La conmemoración del día del Libro se añadió en 1923 y se establece por la coincidencia un 23 de abril de la fecha del fallecimiento de los dos escritores más grandes de todos los tiempos: Miguel de Cervantes y William Shakespeare. Casualmente, el 23 de abril de 1981 también muere Josep Pla, otro gran escritor ampurdanés (consideraba su país el Ampurdán, quedando así fuera del contencioso hispano-catalán, sabio hombre). En el año 1995 la Unesco declara el 23 de abril como el Día Mundial del Libro y de los derechos de autor.

¡Feliz San Jordi y a leer tocan!

1 comentari:

  1. Hermoso relato de un San Jordi anualmente revivido...Me gusta como escribes y describes en pocas palabras diferentes escenas

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