![]() |
| Troll. |
En la isla de los troles, al norte de Dinamarca, tal como situó Shakespeare a Hamlet, se debatía sobre el ser y el no-ser. A los seres debatientes, desde el exterior, se los denominaba troles, porque habitaban el caos y pretendían permutar el orden establecido.
Uno de aquellos troles, Gorka, impulsado por un alud de sentimientos tras el intrincado debate, decidió desplazarse hacia el sur y probar las cosas cotidianas de los humanos. Se disfrazó de uno de ellos e intentó llevar una vida “normal”. Pero el ser que llevaba dentro emergía por todas partes y topaba con la normalidad de la gente que, al final, cansados los humanos de tanta rareza lo despreciaron.
Malherido lamentó su desplazamiento y el no haber podido integrarse como los demás querían. Pero, ¿acaso integrarse era sinónimo de formar parte de una masa informe? ¿Por qué cada individuo no podía conservar la propia personalidad y los rasgos autónomos? ¿En base a qué tenían que renunciar a la mismidad para formar parte de la indiferencia? Gorka llegó a la conclusión de que la sociedad humana quería ciudadanos dóciles y no críticos que pudieran llegar a desmontar el sistema.
No obstante, como representante del ser y del caos el trol se negó a aceptar su condición de apaleado y bogó por formular un tratado sobre la tolerancia, al estilo de Voltaire. Cogiendo de la mano a los humanos les instó a que salieran de la cueva de su ostracismo para vislumbrar lo diferente. Ver a la luz como cada cosa es única y que el fundamento es el “entre” las cosas que, además, las ubica.
La diferencia de cada realidad individual impele a inteligir la realidad como algo abierto que nos libera. El contenido ya no pesa, la forma ha proporcionado el orbe de lo irreal. El trol ofrece a los humanos la línea del horizonte continuamente variable y ampliada. Así puede albergar lo nuevo y el campo objetual reorganizarse otra vez. Desde el campo se obtiene el ámbito de realidad, el ambiente que generan las cosas, su respectividad.
Algunos humanos se movieron con Gorka por la respectividad de las cosas y alcanzaron el logos sentiente: la formalidad de la realidad sentida como algo más que la realidad de cada cosa. La aprehensión de lo real mismo que nos retiene y hace que respetemos su variabilidad. Otros humanos, en cambio, se negaron a moverse y permanecieron enquilosados en su odio hacia la diferencia. Se generaron zonas de paz y zonas de guerra. Núcleos de tolerancia y otros de intolerancia manifiesta.
La historia, el transcurso espacio-temporal de la humanidad, ofrecerá el desenlace.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada