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| Palas Atenea. |
No hablaremos ni de conjuros, ni de ungüentos, ni de pócimas. Sólo de ser mujer. Hoy en día hay que recurrir a arquetipos ancestrales para intentar definir qué es ser mujer, pues los esquemas actuales han dejado de funcionar. La concepción socialista-comunista de la mujer como ente revolucionario, ha fracasado. La concepción falangista de la mujer como señora de su casa, también. La superwoman copando el mercado laboral, la familia y demás, logo del neo-capitalismo, ha devenido en un colapso para ella misma, el hombre y los hijos. En cuanto a la revolución sexual, ha convertido a la mujer en una depredadora mayor que el hombre: va en cabeza, conduciendo los impulsos libidinosos a la locura. La mujer tiene mayor poder que el hombre, y si deciden llevar el mismo camino, siempre lo superará.
Difícil reto es, pues, definir a la mujer hoy en día, sin masculinizarla, ni caer en los tópicos rositas de siempre. Si vamos a los arquetipos ancestrales, la mujer sería una mezcla de Hera, Afrodita, Atenea, Madre Tierra, sacerdotisa y bruja. Un ser mucho más complejo y superior al hombre, el cual destaca por la llaneza de su psique. En la mitología simbólica la mujer siempre es una diosa, el hombre, en cambio, un héroe. El héroe acude al templo a consultar a la diosa y ejecuta sus dictámenes. Ofrece sacrificios, la escucha y defiende el templo ante posibles invasiones y saqueos. ¿Acaso no sería el papel ideal del marido?
La mujer, en cambio, está en contacto con lo trascendente. Abre la puerta al más allá. Tiene que atravesar noches oscuras, matrilocar al hombre y a la tierra. Domesticar la naturaleza (la suya propia y la que le rodea), ser sabia, azuzar el fuego del deseo y hacer fecundo el recorrido vital en todos sus tramos. Depositar a los hijos en la tierra y, como Atenea, convertirse en diosa de la guerra, si es preciso, para luchar por su supervivencia. Encauzar relaciones, concordar sentimientos, hacer plena la realización propia y de cuántos la rodean.
En los tiempos actuales, desorbitados y caóticos, la diosa más cercana a la mujer es, sin duda, Atenea. Era denominada “doncella de los ojos de búho”, animal nocturno que simboliza la filosofía y la ciencia, por levantar el vuelo en el ocaso. Cuando todas las cosas están hechas, surge entonces la reflexión sobre las mismas. Atenea brota de la cabeza de Zeus, representa la sabiduría y el coraje. En la batalla, no se lanza a la violencia descarnada como Ares, sino que toma la guerra como una danza, haciendo uso de la táctica y la disciplina. Vuelve posible lo imposible. Cercana a todas las problemáticas, sus ojos brillantes responden con lúcida prudencia. A Aquiles le aconseja controlar su ira, y a Odiseo le guía en su ingenio y propósitos.
Las características de esta diosa fueron tomadas por las brujas medievales. Mujeres batalladoras, defensoras de la sabiduría que les era negada por su condición de género, aconsejaban y ayudaban a poblaciones enteras. Tuvieron un triste final por políticas inquisitoriales.

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