dissabte, 4 d’agost del 2018

Populismo y heterogeneidad.

Frenopático.
En las sociedades heterogéneas la locura aflora en lo colectivo. La noción de fiesta, enmarcada en un periodo, sobrepasa el límite y se extiende a cualquier día, a cualquier hora del año. Los diferentes se reúnen en el espacio público, y la manera de concordar subraya lo irracional. No hay formas convencionales o de razón que los unifiquen. Escenifican continuamente el encuentro de varias tribus que intercambian entre sí baratijas y gestos grandilocuentes. Sin apenas comunicación, como si hablaran las lenguas difusas de la Torre de Babel, giran en incoherencias y loas a vete tú a saber qué, como si el mundo fuera un eterno fumadero de opio o el patio infinito de un frenopático ya inexistente. 

En este contexto, donde falla la razón, es fácil que un loco se alce y arrastre a los demás por el camino del absurdo. Ha nacido el populismo. Vivimos bajo el signo de los populismos. No obstante, el loco que se alza tiene un propósito, lo que hace que la locura que muestre sea una máscara. La máscara del terror, pues debajo se esconde la cordura que conduce a los hombres a un fin particular. El fin es el provecho de sí, jamás el bien común, de ahí lo terrorífico: el utilizar la razón para la sinrazón. En las sociedades populistas la razón se convierte en medio pero no en fin. 

En cambio, en las sociedades homogéneas el fin es la razón. La locura, cada uno la lleva en su casa como puede, pero el trato social, el sentido de lo público, se somete al dominio de lo razonable para conseguir el bien común ansiado por todos. Visto desde fuera, claro que la sociedad homogénea resulta aburrida comparada a la locura del frenopático, pero el ser humano tampoco está hecho para la fiesta continua, a no ser, drogado. 

¿Heterogeneidad u homogeneidad? ¿Locura privada o pública? ¿La fiesta sin límite o limitada? ¿Tribu o civilización? Son preguntas decisivas para el desarrollo de la sociedad del s.XXI. Cuando se dice que estamos en la era de la postverdad, de las fakenews, del populismo, de la anulación de la conciencia, de la imagen que vale más de mil palabras, más que la realidad, ¿dónde se sitúa el hombre? En retroceso, de regreso a la cueva, en estado involutivo (las nuevas generaciones están perdiendo el coeficiente alcanzado hasta ahora por la humanidad). 

Luego, la unión de lo diferente en un mismo espacio, produce la regresión de todas las partes hacia la niñez conciencial. La sociedad del s.XXI es una sociedad de niños que buscan el placer oral (el hedonismo, la felicidad). Y, sin embargo, el hombre es más infeliz que nunca (la más alta tasa de suicidios, de peticiones de eutanasia, de soledad), porque sabe que no puede reducir el ser a un fragmento del mismo, a la niñez. El hombre sobrepasa al niño en creces. Si el niño es algodón de azúcar, el hombre es limón ácido que domeña las circunstancias de la vida. La acidez le dota de sabiduría, pone coto a esa muerte dulce que invade poco a poco el espacio de la conciencia.

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