dimarts, 15 de maig del 2018

La cruzada yihadista de Montserrat.

El caso de Cataluña es sintomático del dominio de la religión en el mundo. Tanto los marxistas como los neocapitalistas argumentan que aquello que mueve el mundo es la economía, sin embargo, la hipótesis resulta mera apariencia, puesto que el motor del mundo es el corazón humano, y la “religio” quien lo bombea. 

Lo que acontece en Cataluña con el independentismo es un ejemplo más, palpitante, de este dominio. La teoría oficial de los independentistas es que desean la secesión por una cuestión económica (para vivir mejor, recibir sueldos millonarios, desembarazarse del lastre que representa cargar con el sur); por contra, se les ha demostrado con números y hechos (la huida de los bancos y de las empresas) que solo conseguirían un retroceso económico decadente y el aislacionismo de la economía global del s.XXI. 

Aún y así los secesionistas persisten en el empeño irracional de la independencia, delegando su voluntad en el caudillo tribal que los guía y maneja, desde una red mafiosa construida a tal efecto. 

Luego la teoría económica queda desmontada ante tamaña irracionalidad. A continuación, se ponen sobre la mesa los supuestos rasgos culturales e idiomáticos como justificación de continuar con el empeño. No obstante, se demuestra una vez más, que la excusa en cuestión es inexistente, ya que aquello que pueda resultar diferente culturalmente, está acogido de antemano en la unidad política del Estado (en España se habla catalán con total libertad, se bailan sardanas, se transmite la idiosincrasia en los medios públicos y en la educación, etc). 

¿Qué queda pues para seguir optando tan obstinadamente por la independencia? El corazón de la gente, el sentimiento visceral de las raíces de la tierra, la raigambre, el sentirse “religado” (religio) a una forma de vida, es decir, a la religión entendida como el cultivo colectivo del espíritu que se propaga a través de las instituciones adecuadas (iglesias, mezquitas, sinagogas). 

En Cataluña la institución ineludible es Montserrat. Históricamente, anclaje de las herejías más diversas (catarismo, masonería, iluminismo), dada su proximidad con Francia y los salvaconductos de los condes de Barcelona. Actualmente, la cuna del nacionalismo y del independentismo, como desarrollo político de la herejía del pensamiento. La lucha del hereje es contra el dogma. Y el dogma es la Iglesia católica (la que aniquiló a los cátaros, la que identificó a la masonería con el paganismo, la que izó la Contrarreforma contra el protestantismo). El Estado que llevó a la plenitud la Contrarreforma y de donde surgieron los soldados que la llevaron a término (la Compañía de Jesús) ha sido España. De ahí el odio irracional, diabólico, yihadista, del nacionalismo catalán contra todo aquello que represente lo español. 

El independentismo es la cruzada yihadista de Montserrat, el veneno que eyacula desde el corazón de Cataluña.

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