dilluns, 21 de març del 2016

Las procesiones de Semana Santa.


Nazarenos y tamborileros.
Después de la Cuaresma llega la Semana Santa con las Procesiones. Se definen como teatro itinerante, en movimiento, con escenas viscerales en la calle sobre la Pasión y Muerte de Jesucristo. Las escenas producen un impacto visual estremecedor y sobradamente atractivo para los turistas, que se trasladan a los lugares donde se desarrollan.

Las procesiones son herederas de las obras religiosas medievales que se hacían para evangelizar y aleccionar a los fieles. Acostumbraban a complementar los actos litúrgicos oficiales. Al principio, fueron pequeñas representaciones teatrales que se iban repitiendo cada año hasta llegar a ser tradicionales. Al final, se independizaron del acto litúrgico y las cofradías de fieles acabaron por organizarlas.

Básicamente, la procesión se identifica con el camino al Calvario de Jesucristo con las tres caídas. El momento culminante es la Crucifixión que coincide con la Danza de la Muerte. Se realiza el Jueves Santo, por la noche, y bajo la luz de las antorchas se pasean cinco esqueletos: el primero, lleva la daga, el símbolo de la Muerte; el segundo, el reloj que señala la hora de la siega; el tercero, lleva polvo y ceniza, que recuerda el destino del hombre; el cuarto, es el portaestandarte de la finitud; y el quinto, tamborilea.

La procesión, por eso, es más significativa que un espectáculo teatral. Refleja una tradición viva donde la gente se siente vinculada. La calle es el escenario donde tanto los actores, los lugareños, como el público, que se siente implicado, actúan y participan en los misterios de la Pasión.

En una misma actividad y con un mismo objetivo, la escenificación aglutina la diversidad de creencias y motivaciones de cada hombre y mujer: los creyentes que viven el drama de la Pasión, los que se sienten movidos por la tradición de los padres o los ancestros, o, simplemente, los que experimentan el placer de participar en un acto cultural. Se vive en el presente una tradición histórica. Además, de compartir con el vecino una Fiesta muy intensa y de compromiso, a pesar de las vivencias diferentes.

El aprendizaje teatral del público y de los actores es por mímesis. Se transmiten los gestos, las frases, las emociones, la devoción y el clímax. Como se comparte tan intensamente, las rivalidades y las fricciones entre los vecinos desaparecen y se establece una dulce paz. Los portadores y los acompañantes de cada misterio escenificado (las imágenes de la pasión) se han de poner de acuerdo para vestirse del mismo color y con los mismos complementos, marcar los pasos con la música de los tambores…

Tiempo de tregua, de penitencia, de miedo a la muerte, de conversión, de entendimiento y de pasión. Después, la Pascua de Resurrección traerá la alegría de haber vencido a la muerte.

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