diumenge, 21 de juny del 2015

Zombies.


Un trío con la muerte.
Un hombre conoce a una mujer y enferma. Enferma para siempre.

Una mujer recibe las caricias de un hombre con dolor, como si de golpes se tratase.

El hombre enfermo y la mujer atormentada deciden anudar sus vidas en un acto inexplicable. El hombre sabe que jamás sanará y la mujer, que toda posible dulzura se agriará.

Pero están juntos: el hombre, de enfermedad en enfermedad; la mujer, vendando los trozos de piel caída.

Son zombies que vagan juntos por páramos desolados. Muertos vivientes que alejan cualquier asomo de vida humana. Comparten la oscuridad.

Quiebros de su existencia adormecen en ondas que se funden en las aguas del olvido. Quieren que la memoria no sea.

Se alimentan de alientos que un día dejaron de ser. Desentierran restos de historia enzarzados en tupidas raíces que nadie quiere encontrar. Ellos hallan y se lo llevan consigo.

Nadie les reclamará nada. Arrastrarán sus hallazgos por sendas intrincadas, por vericuetos. Los conducirán hacia el centro de un laberinto y allí el viento desperdigará los restos. Son las cenizas de los difuntos.

El hombre y la mujer contemplarán la rosa de los vientos que daña a sus ojos. Cientos de pétalos se depositan entonces sobre las tumbas del cementerio. Las cubren enteras. Asoman sólo los crucifijos brillantes que claman la atención.

Señalan otra vida que no está aquí. ¿Dónde? Con las manos entrelazadas el hombre y la mujer la buscan. Se encaminan hacia la cripta, aquella que guarda una fosa anónima. Allí les aguarda la muerte, que con su capa negra envolverá la oscuridad de ambos.

Ya no son dos, ahora es un trío (el hombre, la mujer y la muerte) que se encamina en un torbellino de pasión. Se devoran los unos a los otros transformando el instinto de muerte en amor. Sí, se aman: el hombre sana, la mujer se desprende de sus vendas, y la muerte desliza su capa negra en la nada.

Así juntos toman la barca de Caronte y entran en el país de las nieblas. Las ánimas les saludan y su presencia les resulta más vital y cercana que la de los vivos. La hipocresía, la distorsión y la fealdad han desaparecido. No hay espejos rotos que reflejen fragmentos sin esperanza. La superficie es pulida y entera. Resplandece la belleza en el palacio donde bailan las ánimas.

El trío también baila, desprendidas sus máscaras, resplandecen los rostros de dos reyes y una reina. Sonríen a la dicha y al amanecer eterno en el que viven y vivirán siempre.

1 comentari:

  1. Loa a mi escritora favorita y amena...Disfruté leyendo como tu seguramente al escribir el sentido de la vida en esa pareja atormentada, que ha sido liberada por la muerte camino del olvido.

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