dimecres, 17 de desembre del 2014

Lo numinoso.


Numinoso.
Lo numinoso va emergiendo paulatinamente del fondo del alma y no se puede acallar. Es un estado del espíritu, insólito, extravagante; un bien, una dicha, una gracia, que proporciona la paz por encima de toda razón.

Lo numinoso es un excedente de significación. No se puede aprehender conceptualmente. Es lo inefable: el estremecimiento producto de lo tremendo, de lo sublime. Trasciende todas las categorías del pensamiento. Se sustrae a la razón.

Lo numinoso aparece en la magia y en la “vita religiosa”. En la magia constituye un medio para conseguir fines naturales. En la “vita religiosa” es un fin por sí mismo que se alcanza con métodos ascéticos y sacramentales.

Se descubren signos y señales del númen en el mundo. La urdimbre que lo entreteje todo, aquello que entrecruza el poder de la vida. La intuición se torna entonces en facultad divinatoria. El hombre descubre un espacio infinito que la conciencia no puede llenar. Es un más allá de toda idea y de todo contenido intencional. Una ampliación gradual del horizonte de la intencionalidad que rebasa la naturaleza animal, en tanto el animal no piensa un más allá del medio.

El alma se abre a la impresión del universo. Se vuelve capaz de vivir intuiciones y sentimientos de algo que la excede y sobrepasa. Las intuiciones se plasman en expresiones de carácter libre, puramente sentimental. En lo temporal aprehendemos algo eterno. En lo empírico, hallamos un sentido supracósmico de las cosas. Son vislumbres de un misterioso mundo de sugerencias.

El simbolismo de lo onírico nos lo hace patente en la transparencia del cristal. Hace de intermediario entre el mundo visible y el invisible, lo que nos permite ver a través del tiempo, del espacio y de las cosas. El palacio de cristal, la luz que lo atraviesa, el acceso al conocimiento de lo invisible…

Conceptualmente, el hombre accede a dicho conocimiento mediante el “ser”. Es el nivel más alto de abstracción, el objeto puro de la filosofía. El ser puede ser analógico, se dice de muchas maneras, o unívoco. La univocidad del ser es un trascendental que está absorbido en todos los seres y al mismo tiempo por encima de ellos, trascendiéndolos. El ser es un concepto límite, irracional, en tanto opaco e impenetrable; una tendencia que posee la realidad. Es uno de los modos como se puede situar ontológicamente distintos tipos de realidad.

La univocidad del ser es lo indeterminado: solo se determina a sí mismo. Es la indiferencia con respecto a lo finito e infinito. Se eleva como concepto primero e ilimitado de la razón por encima de Dios y del mundo. Es lo que pone en comunión a ambos. Es el Espíritu. Si el ser actuase analógica o gradualmente no habría comunicación directa entre la divinidad y la criatura. La analogía del ser es existencial, pero no esencial. Nos podemos comunicar con Dios porque poseemos la misma esencia. La variación recae en la existencia.

Ser, Númen, Espíritu, lo abarca todo, a pesar de nuestras diferencias.

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