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| Fondo. |
La preocupación del filósofo consiste en ver cómo el dinamismo de la variación constituye la mismidad, cómo el cambio se transforma en lo estable, cómo el devenir vital se sustantiviza. El filósofo vislumbra al ser humano como un torbellino de polvo levantado por el viento y girando en torno a sí mismo. El soplo de la vida lo arrastra en un dar de sí: ser cada vez más en sí mismo y darse entero a otro; devenir en otro. El ser viviente se posee en el cambio. En el no ser jamás el mismo para ser el mismo.
Todo ser viviente es un fragmento del Universo. Su propia vida es un momento del Universo entero. Cuando adquiere independencia respecto del medio y el control específico sobre él, entonces se sustantiviza. Pero el hombre es más que eso, el hombre se hace cargo de la realidad. Está abierto a la realidad de las cosas y a su propia realidad. El ser suyo es la persona. La persona es una esencia abierta a su propia realidad.
El hombre es el resultado de una innovación cualitativa que tiene un dinamismo propio. Le capacita para poseer inteligencia, para enfrentarse con las cosas en tanto que realidades. El estar entre las cosas al hombre le coloca en la realidad. El animal, en cambio, sólo tiene acceso a las cosas como estímulos. Si las cosas se nos presentasen como mero estímulo, no habríamos salido de la animalidad. Si somos hombres es porque se nos revela el fondo de las cosas que constituye la realidad. Este es el quid de la cuestión.
Como vemos el fondo, podemos determinar las posibilidades que van a ponerse en acto, y nos las apropiamos. Así nos hacemos personas. El dinamismo de la personalización es el apoderamiento de posibilidades. Poseerse es configurarse nuevamente como personalidad en cada instante. Si Dios produce la realidad, el hombre la posibilidad. La muerte del hombre sería la aceptación de que ya no hay más posibilidades.
Pero volvamos al cambio, que es el dar de sí de las sustantividades en formas distintas. Es el dinamismo montado sobre la diferencia. Es el devenir que envuelve el ser y el no-ser. La búsqueda filosófica de la razón de la articulación del ser con el no-ser. Platón apunta a lo que distingue una cosa de las demás, a un momento de no-ser: “es esto y no es lo otro”. Es la alteridad. El movimiento participa de la mismidad y de la alteridad.
El no-ser es aquello que ya se era, pero que está destinado a dejar de ser. Es la realidad dinámica previa al ser. Es el fondo.

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