dimarts, 30 de desembre del 2014

Acerca del Mundo.


Mundo.
Dice Zubiri que al mundo lo constituyen tres momentos: el poder, la forzosidad, y la estructura. La estructura es la concatenación de las cosas; la forzosidad, las leyes naturales que rigen el mundo; y el poder, la dominancia, el que nada posea el mismo rango. Pero con la revolución científica el hombre se centró en las leyes físicas y en la estructura del mundo, dejando de lado el poder que lo acaparó para sí mismo. Hoy en día el hombre posee la dominancia de las cosas, o eso cree.

El poder del Mundo comienza en el arjé: el principio anterior a las cosas que hay en el mundo. El arcaico indefinido que reposa sobre sí mismo en un tiempo inmemorial. El apeiron que domina a las cosas imprimiéndoles una cierta forzosidad; un determinado curso forzoso en virtud de una propiedad: la diké o justicia. El fondo intrínseco e inmanente de la realidad misma. Algo que permanece al mundo, que está formalmente en él. El destino que se cierne sobre el ser y la realidad: la estricta necesidad férrea que mantiene al ser compacto dentro de sus propios límites.

Este poder se va internando en las cosas sobre las que se cierne y en las que reside. Excede el ámbito de la causalidad y produce que las cosas no sean del mismo rango. El hombre primitivo es quien mejor vislumbra este poder. Ve cómo la realidad se disuelve en imágenes concretas y no en leyes. Cómo los objetos se presentan a la conciencia con toda su intensidad y poder, sacando a la conciencia de la mera sucesión de lo uniforme y homogéneo. En lugar de estar aprisionado el objeto en una ley necesaria, aparece como algo incomparable y propio que sólo se pertenece a sí mismo. Posee una tonalidad, un rasgo distintivo o descomunal, una revelación.

Ni qué decir tiene que es la conciencia mítica-religiosa quien aprehende este poder. El pensamiento mítico no trata de fijar lo fluctuante de las apariencias sensibles en procesos duraderos, sino que introduce en la realidad la antítesis de lo sagrado y lo profano. El poder y la santidad es algo senso-físico del cual es portadora una persona o cosa. Luego serán los lugares y recintos sagrados, los periodos y épocas sagradas, los números… No hay separación entre la posición y el contenido en el espacio mitológico. Es un espacio estructural en el que la parte representa al todo. Lo mismo acaece con el tiempo: en cada uno de sus momentos se afirma la uniformidad del ser. De este modo el devenir no se manifiesta como génesis, sino como permanencia.

La forma de la realidad y de la vida no se crea a partir de múltiples condiciones causales, sino que está ya dada desde el principio como forma acabada que únicamente necesita desenvolverse en el tiempo. En cada individuo se manifiesta la forma del universo. Todo se basa en un fundamento emotivo originario. Una valoración que manifiesta un acto espontáneo ligado a un determinado hecho físico básico: la antítesis día/noche, luz/oscuridad; con el poder dominante que ello ejerce.

“El sol es nuevo cada día” decía Heráclito. ¡Feliz 2015!

dilluns, 22 de desembre del 2014

El tiempo del ángel.


Tiempo del ángel.
El tiempo del ángel es el eón. Es una medida de duración cosmológica que desde antaño se aplica a las inteligencias separadas. Desde la Antigüedad la estructura del universo y el movimiento de los astros son considerados producto de la acción y cuidado angelical.

El eón es la duración del ángel hasta su aniquilación. Viene determinado por su propia sustancia: si al hombre le es sustancial el tiempo, si a Dios la eternidad; al ángel como inteligencia pura le toca el eón. Se trata de una existencia indivisible, pura de toda cantidad. Simboliza una fuerza esencial cíclica, un movimiento de rebeldía contra el tiempo y el mundo. Lo quiebra.

En Grecia el tiempo es solidario de un orden cósmico del que es un efecto y una expresión: si se despliega en círculo es porque imita el curso cíclico de los astros de que depende. Su perpetuidad es imagen del orden inmutable y perfecto del universo eterno en el que cada cosa ocupa su lugar.

En el cristianismo, en cambio, aparece la dirección irreversible del tiempo. Dios se manifiesta en el tiempo. Cada una de sus intervenciones es un kairós, un momento solemne y decisivo. Su mano guía al mundo y al hombre. De la interpretación vertical griega se pasa a la horizontal de las partes del tiempo: el pasado es el que prepara al futuro. La imagen anticipa el modelo, mientras que en el helenismo el modelo era desde toda la eternidad anterior y trascendente a la imagen. Con el cristianismo el círculo se rompe y el hombre se descubre libre.

Cada individuo se juega el destino una sola vez, una vez por todas, en el tiempo de vida que al presente le ha sido dado y que nunca más volverá a repetirse. Sumido en cuerpo y alma en el tiempo, resucitará en cuerpo y alma en el Fin de los tiempos.

El tiempo angelical se sitúa entre estas dos concepciones. Los gnósticos lo denominan línea quebrada. Expresa la permanencia del ser angélico que no tiene devenir. Tampoco posee ningún lugar, pues se lo invoca. Está determinado en el lugar sólo en general. Su sustancia inmaterial no implica ninguna relación con el lugar. Al no estar circunscrito es capaz de movimiento. Si está presente en un punto indivisible lo mueve en el espacio de manera sucesiva. Tiene la facultad de desplazarse para obtener los distintos lugares que su naturaleza le permite ocupar.

Tiempo y espacio van unidos, si hablamos de eones, hablamos también de lugares en general. El ángel como mensajero se ha de desplazar en el espacio como el punto de una circunferencia que la recorre toda mientras se desplaza por una línea recta. Circular y lineal, puede así quebrar el tiempo y el espacio humanos para comunicar el mensaje divino.

Se acaba el Adviento y llega la Navidad, la presencia angelical se multiplica y el anuncio de la Buena Nueva se extiende. ¡Feliz Navidad!

dimecres, 17 de desembre del 2014

Lo numinoso.


Numinoso.
Lo numinoso va emergiendo paulatinamente del fondo del alma y no se puede acallar. Es un estado del espíritu, insólito, extravagante; un bien, una dicha, una gracia, que proporciona la paz por encima de toda razón.

Lo numinoso es un excedente de significación. No se puede aprehender conceptualmente. Es lo inefable: el estremecimiento producto de lo tremendo, de lo sublime. Trasciende todas las categorías del pensamiento. Se sustrae a la razón.

Lo numinoso aparece en la magia y en la “vita religiosa”. En la magia constituye un medio para conseguir fines naturales. En la “vita religiosa” es un fin por sí mismo que se alcanza con métodos ascéticos y sacramentales.

Se descubren signos y señales del númen en el mundo. La urdimbre que lo entreteje todo, aquello que entrecruza el poder de la vida. La intuición se torna entonces en facultad divinatoria. El hombre descubre un espacio infinito que la conciencia no puede llenar. Es un más allá de toda idea y de todo contenido intencional. Una ampliación gradual del horizonte de la intencionalidad que rebasa la naturaleza animal, en tanto el animal no piensa un más allá del medio.

El alma se abre a la impresión del universo. Se vuelve capaz de vivir intuiciones y sentimientos de algo que la excede y sobrepasa. Las intuiciones se plasman en expresiones de carácter libre, puramente sentimental. En lo temporal aprehendemos algo eterno. En lo empírico, hallamos un sentido supracósmico de las cosas. Son vislumbres de un misterioso mundo de sugerencias.

El simbolismo de lo onírico nos lo hace patente en la transparencia del cristal. Hace de intermediario entre el mundo visible y el invisible, lo que nos permite ver a través del tiempo, del espacio y de las cosas. El palacio de cristal, la luz que lo atraviesa, el acceso al conocimiento de lo invisible…

Conceptualmente, el hombre accede a dicho conocimiento mediante el “ser”. Es el nivel más alto de abstracción, el objeto puro de la filosofía. El ser puede ser analógico, se dice de muchas maneras, o unívoco. La univocidad del ser es un trascendental que está absorbido en todos los seres y al mismo tiempo por encima de ellos, trascendiéndolos. El ser es un concepto límite, irracional, en tanto opaco e impenetrable; una tendencia que posee la realidad. Es uno de los modos como se puede situar ontológicamente distintos tipos de realidad.

La univocidad del ser es lo indeterminado: solo se determina a sí mismo. Es la indiferencia con respecto a lo finito e infinito. Se eleva como concepto primero e ilimitado de la razón por encima de Dios y del mundo. Es lo que pone en comunión a ambos. Es el Espíritu. Si el ser actuase analógica o gradualmente no habría comunicación directa entre la divinidad y la criatura. La analogía del ser es existencial, pero no esencial. Nos podemos comunicar con Dios porque poseemos la misma esencia. La variación recae en la existencia.

Ser, Númen, Espíritu, lo abarca todo, a pesar de nuestras diferencias.

dimarts, 9 de desembre del 2014

El fondo y la realidad.


Fondo.
La preocupación del filósofo consiste en ver cómo el dinamismo de la variación constituye la mismidad, cómo el cambio se transforma en lo estable, cómo el devenir vital se sustantiviza. El filósofo vislumbra al ser humano como un torbellino de polvo levantado por el viento y girando en torno a sí mismo. El soplo de la vida lo arrastra en un dar de sí: ser cada vez más en sí mismo y darse entero a otro; devenir en otro. El ser viviente se posee en el cambio. En el no ser jamás el mismo para ser el mismo.

Todo ser viviente es un fragmento del Universo. Su propia vida es un momento del Universo entero. Cuando adquiere independencia respecto del medio y el control específico sobre él, entonces se sustantiviza. Pero el hombre es más que eso, el hombre se hace cargo de la realidad. Está abierto a la realidad de las cosas y a su propia realidad. El ser suyo es la persona. La persona es una esencia abierta a su propia realidad.

El hombre es el resultado de una innovación cualitativa que tiene un dinamismo propio. Le capacita para poseer inteligencia, para enfrentarse con las cosas en tanto que realidades. El estar entre las cosas al hombre le coloca en la realidad. El animal, en cambio, sólo tiene acceso a las cosas como estímulos. Si las cosas se nos presentasen como mero estímulo, no habríamos salido de la animalidad. Si somos hombres es porque se nos revela el fondo de las cosas que constituye la realidad. Este es el quid de la cuestión.

Como vemos el fondo, podemos determinar las posibilidades que van a ponerse en acto, y nos las apropiamos. Así nos hacemos personas. El dinamismo de la personalización es el apoderamiento de posibilidades. Poseerse es configurarse nuevamente como personalidad en cada instante. Si Dios produce la realidad, el hombre la posibilidad. La muerte del hombre sería la aceptación de que ya no hay más posibilidades.

Pero volvamos al cambio, que es el dar de sí de las sustantividades en formas distintas. Es el dinamismo montado sobre la diferencia. Es el devenir que envuelve el ser y el no-ser. La búsqueda filosófica de la razón de la articulación del ser con el no-ser. Platón apunta a lo que distingue una cosa de las demás, a un momento de no-ser: “es esto y no es lo otro”. Es la alteridad. El movimiento participa de la mismidad y de la alteridad.

El no-ser es aquello que ya se era, pero que está destinado a dejar de ser. Es la realidad dinámica previa al ser. Es el fondo.

dilluns, 1 de desembre del 2014

El poeta y el monstruo.


Jorobado.
El poeta dice que quiere liberar a la Musa y que si ha de estar ceñida, que lo haga con sus propias guirnaldas. El poeta quiere calzar el pie desnudo de la Poesía y remover las hojas del libro de la Vida. El poeta quiere que el viento bese a la rosa y que ésta se abandone. El poeta padece una tormenta melancólica y pide al Sueño que gire la llave y cierre bien el cofre de su alma.

El poeta teme disiparse en el ocaso, tiene miedo de morir en el rapto. Por eso penetra en el aire encantado llevando un talismán que llame a los espíritus de las plantas, las cuevas, las rocas y las fuentes. Quiere abrir la vaina de las cosas y mostrar sus esencias secretas.

El poeta quiere tanto, pero el curso de la vida es tan efímero. Se condena por un falaz anhelo. Siente las conexiones entre las cosas, conoce los acaecimientos del mundo. Tiene una conexión con el ánima mundi. Y padece, por ello, un eclipse de la conciencia. El proceso personal creativo deviene en la exposición del alma de la humanidad.

El poeta busca sumergirse en el estado primigenio de la participación mística. En el lago imperturbable, porque tiene un límpido espacio. El poeta apunta hacia profundidades insondables. Adiestra su oído interior para captar el entrelazamiento de las intuiciones. Conduce a las cosas al círculo mágico de la poesía. Enfoca la realidad desde una perspectiva especial. Y hace uso de los registros del lenguaje que llaman directamente al alma.

La profundidad primigenia que busca el poeta es el cúmulo de fuerzas de la naturaleza que aterrorizaban al hombre primitivo. Estas fuerzas las personificaba en unos seres desmesurados, descomunales, como los titanes. La Antigüedad, Grecia, supuso el primer esfuerzo para cambiar el caos regido por estos monstruos, por un cosmos gobernado por dioses con dimensiones humanas. Se trataba de medir el mundo con los cánones de la razón humana; de extender los lazos de la solidaridad.

El monstruo, en cambio, es solitario, porque no conoce la ligazón, la religión de los dioses. Simboliza la raíz bestial de toda criatura humana, la superposición de formas biológicas, donde una cabeza racional gobierna un cuerpo regido por un instinto (sirena, centauro…). Las raíces más profundas de nuestra civilización que nos persiguen.

Los monstruos guardan la brutalidad de los tiempos en que el mundo surgía del abismo y de los hielos. Son el crepúsculo de los dioses. El fin del mundo que los dioses protegían: el caos original y la destrucción final.

Cuando se despiertan los gigantes monstruosos la tierra tiembla, las montañas se abren, los árboles se sacuden trastornados. Producen oleadas gigantescas, llamaradas infernales que brotan del suelo agrietado. Dioses y hombres mueren en una tormenta inaudita, en un desencadenamiento de tempestades y cataclismos. La tierra se vuelve inhabitable, las estrellas caen en el abismo, los océanos se desbordan por todas partes. Ya nada queda de lo que tenía forma y vida.

El poeta recoge estas fuerzas primigenias; el poeta necesita al monstruo. El poeta se convierte en monstruo.