dilluns, 10 de novembre del 2014

Un regalo.


Regalar.
Al sentir envolvemos momentos de la realidad; fabricamos regalos. Cogemos esbozos del entorno y los adornamos. Cintas y papeles de colores es lo que ofrecemos cuando sentimos. El hombre tiene que sentirse en el mundo para poder actuar, marchar, y elegir la forma de vida que va a adoptar. Es un regalo que hace a la diversidad, a sí mismo y a los otros.

Sin sentimientos no podemos hacernos cargo de la realidad. Necesitamos un estado subjetivo íntimo, un momento de suidad para, simplemente, estar. Estar en sí, estar con otros, estar por y para la realidad.

Los sentimientos son regalos: regalamos alegría, tristeza, melancolía, amor, bondad, indiferencia, simpatía… La empatía nos hace humanos. Envolvemos a los demás con lazos de terciopelo. Los involucramos y nos involucran en el vivir. Se generan corrientes de éxtasis cuando estallan las burbujas de los sentimientos.

La expansión cunde especialmente en la forma artística. El arte expresa la actualidad de la realidad en mí como realidad. El sentimiento artístico es el culmen de la aprehensión de la apertura de lo real. Es la experiencia de reconocimiento máximo que nos ayuda a entrañarnos con el mundo. Porque el arte muestra y hace contemplar lo que se yergue fuera de lo dispuesto según un fin útil. Muestra lo bello.

La belleza genera un sentimiento extático: el pulchrum. Por el pulchrum morimos, nos deshacemos, desvanecemos. Es un concepto límite que orienta al hombre. Lo obtiene no mediante la inteligencia o la voluntad, sino a través de la intuición, que se forma progresando de una cosa a otra. La intuición es inmediata y es capaz de construir algo que se queda plantado un rato (una pieza musical, un cuadro, una obra poética).

Lo bello, lo bueno, y lo verdadero se identificaban en Grecia. Eran los tres ideales que todo hombre debía seguir en su camino. Se siente la belleza, la bondad y la verdad. Resplandecen en nuestros corazones aunque las vicisitudes nos hagan girar la cara hacia lo oscuro. La razón, la intuición y la empatía se enzarzan en la persecución de tremendos ideales.

Pero lo bello nos trasbalsa porque nos alcanza de pleno mediante una imagen visible, audible, sensitiva. No necesita concepto. Es la finalidad sin fin. La unidad en la variedad, lo general en lo particular, el valor que posee todas las características de los valores. Es algo que aparece, que no puede estar escondido. Aquí y ahora.

Sentimos, abrimos el regalo del mundo, nos desvanecemos ante su belleza, construimos aquí y ahora, establecemos un valor. Adornamos, enlazamos, expandimos, estamos con los demás en la realidad, con nosotros mismos. Un sentimiento es un regalo.

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