dijous, 13 de novembre del 2014

Un cartógrafo en Neptuno.


Aterrizaje en el cometa.
Líneas de viento recorren tu vida. Geodésicas que te atraviesan dejando al alcance los planetas más circundantes. Uno de esos astros soy yo, pero no deseas capturarme. Tienes pavor. Ves en mí a la mujer de cabellos dispares, cuyos ojos meditabundos persiguen el pasar de tu vida. Porque deambulas, pero no te quedas. Sobrevuelas, sin aterrizar apenas en el paraje, unas veces sombrío, otras, pocas, soleado.

Delineas los espacios hallando huecos por donde marcar los rayos gama que incendian el mundo. Al señalarlos los distancias para que no te afecten. Te refugias en el cálculo por negarte a percibir las cualidades que sondean la realidad. Desprecias lo cálido, lo amable, dejándote caer así en la rosa de los vientos polares.

Catografías líneas de fuga configurando una isla donde volver a empezar. Desde el no comienzo acontecen hechos vitales que eludes. Trazas una tangente que bordea la vida y la lanzas hacia un punto inicial. Es Neptuno. Para ti la ánima yace en ese frío y oscuro planeta.

Tan gélido y alejado del sol, tan poco conocido, la imaginación te conduce a poseerlo de alguna forma. Solícito de las perturbaciones de su orbitar, quedas anclado en ellas. Extasiado en el movimiento oscilante que atrae y repele, absorbe y repulsa. Vomita su existencia al mar de fondo del universo.

Rayos gama, rayos violeta, dime bonita a quién ansía tu corazón. Si es al cartógrafo de Neptuno, tórnate fría y áspera para agarrar la cola del cometa perdida en el vacío. Si es a otro, vuélvete cálida y dirige tu paso recto hacia la estrella luminosa. No es cosa de vieja, ni de bruja, es de sabia. Sigue el consejo, conmuta resultados y verás brillar la oscuridad.

Visualizas el planeta al cual llegarás aterrizando tu sonda en un frío cometa. Es hielo. Tendrás que clavar el metal y escarbar para adherirte a él si quieres viajar. El viaje consiste en espaciar, en acoger los trozos de espacio depositados frente a tu recorrido y disolverlos. Como se disuelven los cristales en el agua salínea, tras removerlos un hálito divino.

Espacias sin tiempo, pues la dilatación es máxima y aquella milésima de segundo jamás acabará de pasar. En mí transcurrirán veinte años, pero en ti eso no sucederá. Volverás tan joven como cuando partiste. La diferencia residirá en el pensamiento: viejo, de haber recorrido años luz; tanto, que allí donde yo gire tú harás un doble giro. En el lugar donde ame, sueñe, me encandile, construirás un castillo de estalactitas.

Cartógrafo, Neptuno te ha alcanzado. Vela por tus sueños que los míos dormitan en el Párnaso. El cometa perforado sigue su estela y la sonda vuela incrustada en él. Si estallan donde tú te hallas, yo labraré para ti una urna y depositaré el polvo celestial que llueva sobre la rosaleda encantada.

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