dimarts, 4 de novembre del 2014

Lo irreal.


Irreal.
Pensar lo que las cosas son en la realidad es un pensar allende. Las cosas nos dan a pensar la apertura de su realidad. Y la apertura nos está dada sentientemente, campalmente. Su intelección es una marcha. Marchamos a través de esa apertura más allá. Estamos en acción, pero es el desarrollo de la acción en la que el ser viviente se realiza a sí mismo en posesión de sí.

Al inteligir actualizamos la realidad. Lo real puede tener momentos no transparentemente inteligibles en razón. La irracionalidad es también un modo de actualidad en la razón. Cuando se actualiza en el pensamiento la realidad, aparece entonces lo racional y lo irracional. Son los modos que tienen las cosas de dar razón de sí mismas.

La razón no brota espontáneamente, son las cosas las que nos dan el modo mismo de inteligirlas. Al darnos ellas que pensar determinan el modo de inteligir que es la razón. Previamente están ya inteligidas como reales.

El pensamiento es, pues, la huella de la realidad. Una modulación intelectiva de la impresión misma de realidad. Y nos mantiene dentro de lo real. En la realidad estamos impresivamente y la razón nos impone una marcha que nos sujeta a la misma realidad. A la vez nos impide quedar suspendidos o flotar en una realidad vacía de contenido inteligido.

Toda intelección remite en profundidad a otras posibles intelecciones. La razón es creación, es realidad en libertad. La creación ideal convierte la realidad en idea. Modifica el contenido de lo previamente inteligido, pero en el ámbito de la realidad física misma ya está ensayada esta modificación. Este contenido modificado será el modelo de la realidad profunda.

Lo irreal libera el contenido de lo real. Ofrece la “posibilidad” de lo real. El “podría ser” intelige lo sentido como un momento del mundo. He ahí la experiencia humana, y el conocimiento humano expandirá dicha intelección.

El hombre tiene la capacidad de forjar lo irreal. Creamos lo irreal estando precisamente en lo real, y lo hacemos para estar en la realidad. La realidad se despliega en el fondo de todos los momentos cualitativamente diferentes que constituyen la vida. Es como un punto elástico que se distiende a lo largo del tiempo.

El hombre está físicamente en la realidad mediante un acto intelectivo. La inteligencia fluye como un acto viviente más, y eso que fluye tiene un carácter vidente: ve y aprehende el conjunto de la realidad en el cual está fluyendo. Al ver el campo, se puede mover de maneras diferentes en él. El hombre se orienta, toma puntos cardinales y ejercita una selección.

Para hacer la figura de su ser el hombre necesita de una serie de repeticiones en ese fluir de la vida. Ante estas recurrencias, se tiene que figurar cómo son las cosas. Para ello, elabora lo irreal. Figura para poder apoyar su vida sobre ello.

Nos apoyamos en la figuración para orientarnos hacia la realidad y constituir nuestro propio yo. La figura deja su impronta real en el yo. A través de la ficción el hombre inserta posibilidades de contenido en la realidad. Con ellas halla lo más íntimo e intransferible en su vida. También proyecta el futuro: establece un punto concebido en el presente que determinará su futuro. La experiencia será la que modifique lo irreal. La fantasía, pues, también se aloja en la realidad como una función interna de mediación necesaria.

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