diumenge, 20 de setembre del 2020

Feminazis: la negación del cuerpo femenino.

 







La historia de Occidente es la historia de la liberación del cuerpo, mientras que la de Oriente, la de su ocultación. Tanto en China, India, Japón, como en Oriente Medio el cuerpo se cubre (burka, mono, sari, velo), se inmoviliza (posturas budistas, hindúes, el vendaje chino de los pies), porque al individuo se le identifica con el cuerpo, esa diferencia particular que debe disolverse en el colectivo anímico del Nirvana o la Nada. En la mentalidad islámica, budista, hindú, el intelecto agente, la luz propia del hombre, su pensamiento individual, no existe, es un reflejo cósmico o una iluminación de Dios. Se niega al hombre, se aboga por un ánima mundi cuyo fin es la fundición en el No-Ser.



Occidente, en cambio, representa una Innovación o Revolución frente a dicha mentalidad. El cristianismo rescata al hombre, no deja que se funda con el Destino, en la Nada, en la Disolución. El alma humana tiene un valor incalculable, el individuo, la persona, es única, irreductible. El amor infinito de Dios la sostiene, no permite que el Vacío la aplaste. 

La persona así considerada crece, se desarrolla, no se oculta, ni se aniquila, se descubre. El hombre descubre su cuerpo y su alma en una unidad armónica, constitutiva del orden del ser al cual pertenece. Si cubriese o mutilase una parte de esa unidad, la armonía total se vería afectada. 

¿Qué sucede con el puritanismo, tanto de izquierdas como de derechas, que rechaza el cuerpo al modo oriental, viéndolo como algo sucio, vergonzoso, indigno? Que mutila al ser humano, considerando solo una parte de él como si fuera el todo. Es un retroceso, un regreso al paganismo orientalizado, en donde el cuerpo se tiene como cárcel del alma. Pero el cuerpo no es cárcel, el cuerpo es ya persona que se manifiesta. Si coartas su expresión, aniquilas al ser humano. Si no dejas que la mujer exprese su feminidad con su cuerpo, la matas. Si colocas una mordaza al ser humano que impida escuchar su voz, lo anulas. 

La expresión es el florecimiento de la persona, el crecimiento abierto a los demás, el disponer. Crezco expresándome, mostrándome en cuerpo y alma, disponiendo de mí para los otros, pero no para mí, para vivir encerrada en un capullo donde nadie me vea ni sepa de mi existencia (la boda consigo misma, de cuna oriental). Entonces fenezco. 

El feminismo radical o el puritanismo encierra en sí misma a la mujer para que nadie la vea, o la vea como otra cosa, ocultándola, camuflándola, normalmente bajo el estereotipo del hombre, al cual temen y veneran de la misma manera, de aquí el odio y la fijación por imitar la figura varonil. Se trata de un sentimiento hostil que las domina y no les deja ser mujer. Se figuran observadas desde los ojos del hombre, del cual creen que solo tiene dos concepciones de mujer: la santa y la puta. Por eso, rechazan a ambas: a las santas, las descuartizan (checas); y a las putas, las estigmatizan (abolición). 

Casualmente, tanto las santas como las putas, poseen un denominador común que recorre escritos tan fundamentales para la esencia humana como la Biblia: son mujeres que se entregan, que se dan a los demás, lo que no soporta ese feminismo radical, mutilador de cuerpos y de almas.

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