dilluns, 22 d’octubre del 2018

La mujer en Wim Wenders o el fracaso del hipismo.

“Paris-Texas” o “Alicia en las ciudades” muestran a la mujer de los años del hipismo más etéreo, por no decir ya, “Cielo sobre Berlín”. Es una mujer que no pisa el suelo, que va de aquí para allá, que vuela en un trapecio, que desarrolla la inconsciencia sin límite, porque sabe que si deja caer a la conciencia, el hombre la recogerá. El hombre se vuelve así más cabal, por el contrario de lo esperado en la aventura hippy, no tiene a nadie que lo sostenga, porque la compañera sustentadora ha desaparecido. O él se vuelve tierra (el ángel de Cielo sobre Berlín, el compañero de la niña en Alicia, el protagonista de Paris-Texas), o la tierra desaparece bajo sus pies. 

En el hipismo el hombre se queda solo, y el niño es la víctima de una tragedia inconmensurable: pierde a la madre. Hombre y niño caminan juntos sobre la tierra que ha dejado de ser maternal. Se empujan mutuamente, se estorban, se lamentan, porque no son lo que deberían ser sin la mujer. Curiosamente, Stephen King, coetáneo de Wenders, también ha escrito, en el libro “Las bellas durmientes”, sobre la desaparición de la mujer de la faz de la tierra. Es el fracaso del hipismo: si todos vuelan, la mujer desaparece. Porque es más etérea todavía, más leve, alcanza un grado espiritual superior. Se convierte en hada. 

El hombre hippy busca al hada con un tarareo infantil (Simon and Garfunkel “Scarborough Fair/Canticle”), porque es ella quien opera la metamorfosis en el alma como gracia. La metamorfosis es el símbolo de la soledad y de la incomprensión en la tragedia de la vida actual. Refleja el estado de alienación del hombre en la sociedad moderna (el eterno circular por carreteras entre moteles y despojos de la industrialización), cuando no puede dialogar con el entorno ni con los demás, entonces se metamorfosea. Se sumerge en el significado mágico de que todo se puede transformar en todo porque nada es realmente nada. 

Es el sentimiento esencial de la diferencia entre lo uno indistinto primigenio y el mundo de la manifestación. Mediante la fotografía el protagonista de “Alicia en las ciudades” se transforma en todo aquello que retrata. Es el mar, es el campo, es la niña que sonríe o la mujer bella. Puede ser todo porque en el fondo sabe que no es nada. El sentimiento nihilista abarca toda la época del cineasta. En el nihilismo nada se puede conocer, y la existencia y el valor de las cosas son negadas. La intención es dar apertura a opciones infinitas no determinadas (el sueño de todo artista), pero inviable en la historia configurada por el hombre desde hace milenios. 

La historia es la que configura los roles y los modos de convivencia para que el hombre se adapte a los cambios de la vida y pueda salir adelante. Es evidente que la desaparición del rol de la mujer, como pretende el hipismo, es inviable cara a la reproducción y subsistencia del ser humano. Si la mujer renuncia a ser madre y compañera, el mundo desaparece dejando una instantánea a modo de recuerdo: la fotografía. Es la crítica de Wim Wenders y la imposibilidad de otro mundo. De aquí que el protagonista de “París-Texas” lleve al niño con su madre, y que se muestre la misma intención en “Alicia en las ciudades”. 

El hipismo es un sueño, el sueño de la Utopía; la imagen del hombre atrapado en el mundo, pero que anhela ser en el otro.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada