![]() |
| Conversión americana. |
Lo reconozco, una peli genial que descansa sobre el peso de los personajes. Cada uno de ellos lleva un trozo de película que si se desgajara impediría la construcción final del puzzle. Dos oscars: uno para la protagonista, y otro para el antagonista, curiosamente, la pieza clave del puzzle. Y es que el antagonista pesa más que la propia protagonista, tanto, que él es la película. No sólo por la brillante actuación del actor, sino porque es el único personaje que presenta una evolución, y no una evolución cualquiera, sino el prototipo de la evolución representativa de la sociedad americana.
Si todos los personajes de la película son copias del Far West, el antagonista es el auténtico Far West. Es el verdadero ser pedestre que habita el country americano: de poca inteligencia y cultura, cargado de prejuicios yanquis, y ejecutor de la ley a su manera. Las copias son más inteligentes que él y ven sus errores, pero como copias que son permanecen estancadas. El auténtico, en cambio, evoluciona. Sufre una transformación. No es que, de repente, se vuelva guapo, inteligente o buena persona. Tampoco le cambia el carácter o el modo de vida. Sigue siendo americano de médula y, precisamente, por ello, experimenta la conversión en la fe que sólo puede darse en América.
Hablamos de América del Norte, por supuesto, y allí la fe que se profesa es la protestante. Las demás están de más, como evidencia la protagonista en el monólogo dirigido al cura católico. El catolicismo en EEUU es una mala pincelada cargada de los prejuicios de una visión externa y muy lejana, tan lejana como lo están los españoles de los ingleses, o los latinos de los nórdicos. A la protagonista ya solo le falta sacar a relucir la leyenda negra española creada por los ingleses.
La conversión americana o protestante viene de la lectura en solitario de la Biblia. Uno la lee y se le abren las puertas del cielo, más o menos. Es lo que le sucede al antagonista en la comisaria, mientras lee en solitario la carta testamento de su “guía espiritual bíblico”, el sheriff difunto. La conversión acontece entonces en medio de las llamas apocalípticas, bajo el apotegma: “tu vida cambiará”. Y, realmente, cambia. Halla la luz en la oscuridad (literalmente se quema), y aquello que le aparecía desconectado y absurdo en el entorno, de repente, se conecta señalando la pista de aterrizaje, el sentido, o el cauce, por donde se desliza el fluido existencial.
Gracias a hallar el sentido, las piezas del puzzle se acoplan, la protagonista y el antagonista pasan a ser uno, y el modus de vida americano se justifica, que de eso se trataba. La justificación en la fe. No son las obras o los hechos lo que cuentan (la violación de la hija no se resuelve), pero la protagonista-antagonista uno ha hallado la fe y eso es lo único que importa haga lo que haga después (aunque sea destruir el mundo). “América tiene fe y Dios bendice a América”. Éste es el verdadero título de la película y de la idiosincrasia americana, que no es otra que rendir culto al señor Lutero.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada