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| Burkas. |
Si Jaspers viviese en el s.XXI se horrorizaría al comprobar que la humanidad es incapaz de alcanzar la razón común a la que aspira el pluralismo cosmovisional. Y no porque no se hayan dado las condiciones previas al acuerdo intercultural (la renuncia a la imposición violenta, el reconocimiento del otro como interlocutor, la superación de la autocomprensión fundamentalista, el tener voluntad comunicativa, y el introducir las perspectivas interlocutorias de modo recíproco). Se cumplieron las condiciones e incluso se llegó a una cultura política que las institucionalizó en términos de derechos humanos. Pero, cuando todo parecía ensamblado y la comunicación de las formas culturales de vida establecida, la crisis económica del s.XXI se encargó de diluir el punto común de encuentro, propiciando el encierro de lo diferente en el solipsismo. Hoy en día, resulta entristecedor observar cómo todos los ámbitos de comprensión existencial se han radicalizado y exacerbado en el fanatismo.
Si por una crisis económica el hombre es capaz de perder los valores, incluyendo el de la propia vida (suicidio) y la de los demás (terrorismo), entonces Marx tenía razón al afirmar que la verdadera naturaleza del hombre es económica. La economía, según Marx, es el sustento de lo real. Pero, ¿es esto cierto? O, quizá, ¿es el sistema creado el que comprime al hombre en lo económico? Se plantea entonces salir del sistema, modificarlo, gestionarlo de manera diferente para impedir la opresión. Se alcanzan mejoras. No obstante, la insatisfacción humana no tiene límites. Un dato lo demuestra: en época de paz los suicidios se incrementan. Parece que la propia naturaleza humana diga que por aquí no. No le es suficiente la paz, ni el progreso. Aspira a algo más: a algo etéreo, que no se ve pero que se intuye. A algo que es bello en sí, verdadero y bueno. El hombre aspira a la religión. Y, por encontrarla, barrerá la cumbre, con la esperanza de que la estrella mayor se deposite en ella. Quiere un encuentro con lo divino, porque lo humano le sabe a poco.
El error actual (lo que conduce al fundamentalismo y a la cerrazón) consiste en ir a buscar lo divino en otra época (la Edad Media en el Islam) e insistir a sus congéneres que sólo se halla en esa época. Entonces se borra la historia y la capacidad de diálogo con la modernidad. Para llegar a un pluralismo cosmovisional, el requisito fundamental consiste en que todas las religiones y culturas vivan de acorde a su tiempo actual. El fracaso del diálogo interreligioso no viene dado por la procedencia o lugar geográfico de cada religión, sino por el asincronismo de sus tiempos. Olvidan que Dios está en todos los tiempos y lugares.

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