![]() |
| Burkini y biquini. |
El gran tema de debate de este verano ha sido la aparición del “burkini”. Se han dado argumentos a favor y en contra del uso de esta prenda y sobre las implicaciones de su simbolismo. Ahora mismo no los citaremos, pero sí que daremos el protagonismo a la piel del cuerpo que se quiere encerrar bajo los pliegues del “burkini”.
La piel es un órgano sensitivo primordial para recoger la información del entorno. No sólo la temperatura, el aviso de peligro o la ubicación del cuerpo, sino también la proximidad de los otros. Gracias a la piel empatizamos con los elementos naturales y con los demás seres vivos. No es ningún hecho banal ir a la playa y dejar que el sol, la arena y el agua nos rocen la piel del cuerpo entero. Dejamos que la naturaleza nos reconozca y, a la vez, al sentirnos palpados por ella, nos aceptamos y comprendemos nuestro cuerpo. Es la manera natural de sentirnos próximos y pertenecientes a la realidad, al mundo.
Esta aceptación, además, constituye el ser de nuestro yo. El yo, por el hecho de sentirse en el mundo, se proyecta, se expande afectivamente hacia las realidades. Puede comprender así las emociones de los otros y comunicar las propias, formando la comunidad humana. El roce de la piel nos comunica cómo somos: una realidad sentida que simpatiza con las demás.
No obstante, si ponemos una barrera y nos aislamos del mundo, rompemos la comunicación y, de rebote, acabamos por no aceptarnos. Generamos violencia: contra el cuerpo y los demás seres vivos por no reconocerlos. Consentimos que la simpatía natural que nos hace compartir las emociones, se diluya, propulsando que el amigo se convierta en enemigo. Y en un mundo de enemigos, el hombre pasa a ser un lobo para el hombre. Ya no lo ve como un fin en sí mismo, sino como un medio, un objeto, para adquirir más poder sobre el mundo. La vida pierde, entonces, su valor. La empatía hacia la realidad no tiene ya ningún sentido. Nos adentramos en una cultura de la muerte, propia del yihadismo.
En el yihadismo la vida del hombre no cuenta. No obstante, para hacerlo funcionar como una máquina de guerra, se le engaña, trasladando lo que tendría que ser su vida (de felicidad y de fraternidad) a un paraíso celestial inexistente (el harem de las huríes). Por este paraíso el yihadista mata y convierte el mundo en un infierno.
Forma parte de este infierno el aprisionamiento de la mujer en unos pliegues de tela que no la dejan sentir la caricia del viento en la piel, el contacto humano próximo de un abrazo, o el gesto de acariciarle un brazo para mostrar que alguien le apoya. Tampoco la dejan sentirse madre en un espacio público (recibir el calor del hijo cuando lo coge en brazos) o sentirse pareja y compañera de otro ser humano. Por el contrario, ha de tolerar que la contemplen como a una extraña, una persona non grata, que pueda portar una enfermedad o cometer un acto de violencia.
Queda en manos de todos cambiar esta situación, mediante la política, la educación y el tomar conciencia, para disolver el infierno impuesto y crear un verdadero paraíso en este mundo.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada