diumenge, 18 d’octubre del 2015

Una divagación política.


Colonización de Marte.
Cuando un loco con poder relativo decide llevar su apuesta ideológica hasta las últimas consecuencias, provocando una fractura social grave y la posibilidad de una guerra no tan futura; supone el apoyo, no sólo de una parte de la población, sino de una fuerza todavía más poderosa: la de otro Estado a quien le interesa sobremanera la realización de esta apuesta ideológica.

Por un apoyo parcial una figura política no se arriesga en un juego a todo o nada. Queda por ver y analizar qué tipo de Estado ofrecería su apoyo incondicional a un dirigente que tiene la comunidad nacional e internacional en contra. No es tan difícil adivinarlo. Se trata también de un Estado que está de prestado, en la cuerda floja, imponiendo unas condiciones a sus vecinos antinaturales, ocupando por la fuerza territorios ya perdidos históricamente. Se trata de dos mentalidades parecidas (la del dirigente enloquecido y la del Estado que lo apoya) que tratan de mitificar un pueblo, una raza, olvidando que ya padecieron en sus carnes las consecuencias de esa misma mitificación llevada a cabo por otros.

En la práctica, el partido político de este dirigente, en el poder desde hace varias décadas, se encargó de copiar las estructuras administrativas y, especialmente, las policiales del Estado que lo apoya (incluso el nombre de ambos aparatos policiales es semejante). Y abrió las puertas a que sus facciones más ortodoxas se pudieran instalar en el territorio de su población. Han sido ya muchos años de intercambio para concluir en un final feliz y esperado por el dirigente y el Estado en cuestión. Se obtendría así un segundo Estado, construido a su imagen y semejanza, que significaría la salvación para una raza condenada a desaparecer históricamente y en perpetua diáspora.

La misma idea tienen ciertos terrícolas humanos al pretender colonizar Marte cuando la Tierra se condene ella misma a su devastación. En cuanto a los intereses del dirigente político que llevara a cabo tamaña hazaña, bueno, ya son sabidos: gloria, poder y fama, ser honorable y mártir; recibir adoración infinita. Lo cual estaría muy bien si no fuera porque existe otra parte de la población (según números, la mayoría) que no está de acuerdo con esta santificación, ni tampoco con la creación de un Estado gemelo. Esta parte de la población quiere seguir integrada en la comunidad internacional, con todos sus derechos y deberes. ¿Quién prevalecerá? El tiempo y las fuerzas oscuras lo dictaminarán.

1 comentari:

  1. Como ya te indiqué en otro texto anterior, me temo que solo es una guerra tribal, con el único propósito como bien nos dices de santificar y glorificar lo que no tiene razón de ser. Esta parte del territorio español vive bien y en paz desde hace cincuenta años. Lanzarse a la aventura de lo desconocido la puede llevar al desastre en aras de una utopía

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