diumenge, 17 de maig del 2015

Los destructores de libros.


Quema de libros.
Extinguir la memoria, ello es lo que pretenden los destructores de libros. Con el acto de destruir simbolizan la muerte, niegan aquello representado. Pretenden dañar a Mnemósine porque encierra culturas enteras.

El daño de los biblioclastas (los destructores de libros) no es gratuito. Su fin consiste en devolver a la eternidad el propio libro considerado por ellos sacro. Necesitan del ritual destructivo para extraer su libro de la circunstancialidad. Desean alcanzar una realidad absoluta.

El uso del fuego destructor en el ritual reduce el espíritu de una obra a materia, de un hombre a sus cuatro elementos, de la razón intemporal a cenizas. Lo claro se torna oscuro. El aniquilador de libros se halla poseído por un mito apocalíptico.

Desde la Antigüedad los libros son considerados metáfora del templo. Poseen el poder del nombre y por ello sólo los iniciados pueden leerlos. Cuando una religión se consolida, destruye los documentos de las demás. Asimismo instaura también los templos para proteger, copiar e interpretar los textos considerados divinos. Se consultan para conocer la voluntad de los dioses.

Otro motivo de la quema es la imposibilidad de dejar en manos de profanos los grandes textos sobre los misterios de la vida y de la muerte. También se realiza con la muerte de un líder, con la prohibición de una enseñanza, o con el fin de controlar las emociones humanas.

Por el contrario, el sentido alegórico positivo y que actualmente seguimos utilizando, es el de devorar libros para asumir sus propiedades divinas. Nos los tragamos, los consumimos, los pulverizamos para que su ser penetre nuestro ser. Poseemos el alma del libro con el fin de conformar la nuestra.

Sin embargo, a los destructores de libros dicha concepción positiva no les place en absoluto. La hostilidad que desempeñan contra el pensamiento libre les conduce a llevar a cabo purgas culturales de consideración. Las más graves fueron las acontecidas hacia el s.IV d.C. A resultas de ello, las bibliotecas quedaron cerradas como sepulcros a perpetuidad.

El lado nocturno de las cosas, el ser llevado a la muerte, el dolor existencial, todo ello expresado con el acto de la destrucción. En los entes inorgánicos su cesar es externo, en el hombre interno: se hace su propia muerte del mismo modo que se hace su vida. Alcanza el límite sin poderlo traspasar, por ello envía las cenizas de la materia calcinada a aquella frontera que palpa en su incertidumbre. Con un solo soplo el espíritu traspasa lo inabordable.

1 comentari:

  1. Me gusta como expones en este relato la destrucción de la memoria, destruyendo el libro como fuente de sabiduría

    ResponElimina