dimarts, 24 de març del 2015

El cañamazo.


Cañamazo.
En la filosofía moderna aparecen nuevas ideas que bordan una manera diferente de aprehender el mundo. Cada época tiene su propio cañamazo o estructura con la que captar la realidad concreta, y en la Modernidad el tejido se desarrolla en torno a las ideas de espacio, tiempo, ser y conciencia.

Como la luz se expande y produce el espacio, así el “dónde” se constituye en el gran piélago de la divinidad inmensamente presente en el mundo. La idea del espacio como receptáculo es totalmente novedosa y surge a partir del s.XVI y gracias al cristianismo: ese Dios que está en los cielos, presente en todos los espacios, en todas las cosas sin estar circunscrito a ninguna. Un inmenso océano que convierte al espacio en absoluto.

La divinidad cristiana despertó la concepción del espacio constante y del tiempo fluente como independiente de las cosas. El lugar y el tiempo ya no son accidentes de los cuerpos como aseguraban Aristóteles y la escolástica medieval; no penden de ellos. Espacio y tiempo son una entidad que no es sustancia ni accidente. Con Newton el espacio se vuelve absoluto, no tiene relación alguna con algo externo a sí mismo: es igual a sí y sin movimiento. El espacio relativo será la medida de este absoluto por medio de los cuerpos que se mueven en él.

No se trata de saber si las cosas están en un lugar, sino de saber qué punto ocupan en el espacio. Un cuerpo abandonado a sí mismo, en inercia, sigue las líneas del espacio en que está colocado; porque el espacio no sólo recibe a los cuerpos, sino que les imprime su propia estructura. Y aunque las fuerzas les dotasen de carácter dinámico, éste no influiría en la estructura del espacio. ¡Concepción opuesta de la actual de Einstein en que los cuerpos sí afectan al espacio: se curva con ellos!

Con el tiempo acontece lo mismo: el Dios eterno cristiano, presente en todos los tiempos de la creación, despliega la duración como tiempo indefinido, como el plazo en el que se desarrolla el ser de las cosas. El tiempo se convierte así en una línea temporal en la cual se van inscribiendo todos los acontecimientos que en el mundo acaecen. Estamos en el tiempo absoluto, que también con Einstein recibirá el varapalo de que sí es afectado por las propiedades de las cosas, de que no es independiente de ellas, así como tampoco lo es del espacio.

Si seguimos con la concepción cristiana, las cosas “son” creadas por Dios desde la nada. La cosa participa de la naturaleza del ser. El ser se presenta como un enorme piélago y las cosas como contracciones suyas. La Modernidad sustantiviza este ser.

Finalmente, hallamos la conciencia como imagen y semejanza del hombre con respecto a Dios, como el lugar natural donde se aprehende y se constituye el ser de cuanto es. El hombre se enfrenta con el resto de las cosas y en esa idea que tiene sobre las mismas con-sabe su propia realidad. Tiene ciencia y con-ciencia: la presencia inmediata de las cosas ante quien tiene un logos (razón).

La sustantivización de estos cuatro conceptos se sistematiza unitariamente en la Modernidad. Forma su cañamazo.

divendres, 13 de març del 2015

Logos revelante.


Abraham.
Cuando hablamos del poder de lo real como lo último, lo posibilitante, lo impelente; en realidad, mencionamos a Dios como fundamento.

Al hombre le gustaría desentenderse de la ultimidad, pero no puede; porque el hombre es esencia abierta, abierta a su propio carácter de realidad. El hombre no es piedra, no cae sin comportarse respecto de la realidad de su caída.

El hombre está religado radicalmente a lo que es la fundamentalidad de su vida, a lo que es último, posibilitante e impelente. La apertura de su esencia le conduce a ello. Es una marcha desde la posibilidad del poder de lo real hasta su fundamento.

El fundamento, el fondo en el que se presenta la trascendencia varía de modo, porque las esencias cerradas se escinden metafísicamente de las esencias abiertas. El modo de presencia en el fondo de una persona, es también personal.

Aunque no se trata de una presencia inmediata, sino manifestativa: es revelatio. Se manifiesta en noticia. El hombre se encuentra lanzado hacia sin saber qué. Dios palpita en el fondo del hombre.

¿Qué clase de poder es lo último? Poder del tiempo, poder de separación de formas, poder de germinación de la realidad, poder de organización de la vida, poder del futuro, poder que lo lleva todo y abarca todos los tiempos, poder sobre la vida y la muerte, y poder que se llama destino.

Las formas que separa el poder proceden de cierta indiferenciación, como el agua, en la cual están como confundidas las cosas. De ahí que se divinicen las aguas, que aparezcan ríos sagrados.

Pero las formas no solo se separan, sino que también se engendran las unas de las otras. Es el poder de germinación. Y el de organización de los seres vivos en cierta genealogía, que simboliza el culto al árbol.

El poder del tiempo indefinido que en las sociedades sedentarias se manifiesta cíclico, y en las nómadas, bajo un cielo firme, el firmamento que cuaja en el pastoreo. El cielo de Abraham, su Dios.

Para el pastor la divinidad es algo que está en el cielo, dirige sus pasos por la estepa. Es un Dios amigo y protector de la tribu, la fuente de las posibilidades últimas y radicales de su vida y existencia.

Cuando las tribus van errantes los dioses los acompañan, cuando descansan, en esos lugares los dioses se manifiestan. Se convierten en santuarios. El monoteísmo comienza con la revelación a un pastor: Abraham. “Vete tú de aquí”-le dice Dios. Es un único Dios, solitario, no tiene panteón. Es suyo, de Abraham, y está solo. Constituye con él una alianza, y se genera un culto, una comida en común de los hombres con los dioses. Dios concederá a Abraham descendencia y tierra.

dimarts, 3 de març del 2015

El último humo de la realidad que se evapora.


Globo blanco.
El pensamiento humano ha ido creciendo en la medida en que la desmitologización se enraíza en el panorama cultural. Sin embargo el avance del pensamiento toma el curso del concepto cada vez más general, abstracto, espiritual si cabe, o sea mítico. El logos vuelve al mito a pesar de haber salido de él, pero de una forma nueva: se trata de un retorno en espiral.

La esencia es mítica. Es un modo de liberarse de la facticidad para luego explicarla. Una salida de la realidad para abarcar la estructura racional de la misma. Sin tomar el camino de la ciencia, el de las leyes de la cosa en sí, pero tampoco el de la psicología, el de las leyes de la psique humana, se abre el tercer reino de las esencias. Estructuras irreales que emanan de la diferencia inserta en la vida. Fijezas de un devenir incesante.

No obstante al ser humano le encanta mirarse en el espejo y ver reflejado en él las cosas circundantes. Necesita instantáneas fijas, fotografías de la realidad para poseerla. No le basta con el pasar fílmico de los acontecimientos. Vive en el relativismo del acontecer, en el fluir del río vital, pero desea lo contrario: lo absoluto. Y caer en lo absoluto conlleva el peligro de la muerte acechante. El hombre siempre juega con fuego.

Es la lucha titánica entre eros y tánatos, la vida y la muerte. Dejar fluir o paralizar el instante. Si lo dejas ir ya no lo tendrás nunca más. Si lo capturas lo retienes, pero ya sin vida: una carcaza disecada, una máscara momificada del gesto preciso. Cuando el hombre se empeña en implantar en la realidad, a través del sistema político, esta fascinación por el instante fijo, por la máscara, infesta de muerte la vida: cae en el absolutismo y el totalitarismo.

Dejad al reino de las esencias en paz, no hagáis de la filosofía, política. Este sería el grito de supervivencia de la humanidad. La práxis ha de tomar su propio camino, y el espejo se ha de girar en otra dirección. Cuántos filósofos han cometido el error de no girar el espejo a tiempo y de caer en el embrujo de un nazismo, un comunismo, o un nacionalismo. La torpeza de no saberse manejar en la vida hace que al final perdonemos a un Heidegger o a un Marcuse.

El filósofo ha de flotar en las esencias, pero no aterrizar con ellas en la vida. Ha de procurar que la magia blanca no se torne en negra, que la comprensión y la visión de la belleza, la verdad y la bondad, no se hundan en las ciénagas del abismo. Es el mago que hace flotar el globo para que todos lo vean, para que la humanidad sepa que además de tierra también existe el cielo.