| Naturaleza muerta como símbolo de memento mori. |
A raíz de un comentario en facebook sobre las diferencias del cuerpo humano en unas fotografías americanas, se me antojó pensar qué sucedería si se pudiese fotografiar el alma. Me contestaron que ya se había fotografiado y decidí, entonces, investigar la historia de esa fotografía:
A finales de s.XIX se dio una eclosión del fenómeno denominado “espiritismo”. La burguesía decimonónica halló una nueva manera de distraer las veladas, reuniéndose en torno a una mesa e invocando a los espíritus de los antepasados. De ese morbo, y del interés científico en auge de la época, surgió la idea de pesar el alma. Se trataba de cuantificar lo incuantificable. El empirismo consideraba que toda realidad era susceptible de medición. Si el alma era real, tenía que ser medible también. Sería una prueba de su existencia.
Para realizar tal prueba, los científicos empeñados debían capturar el último hálito del moribundo. Para ello, pesaron a varios de ellos, en el momento de la muerte y segundos más tarde. Se sorprendieron al comprobar que, efectivamente, los cuerpos habían perdido unos gramos de peso. En esos gramos residía el alma.
El alma, ¿cómo capturarla si no en la fotografía? Se llevó a término, entonces, la experiencia de fotografiar el “memento mori”. Es un concepto de la época romana, cuya traducción “recuerda que morirás”, nos dice que la naturaleza se descompone, mientras que el alma resta inmortal. Captemos, entonces, el último momento de vida mediante la imagen.
La imagen es el recipiente que acogerá el cuerpo perdido y le dará forma de vida, restaurará su alma. Los muertos se encarnan así en la conciencia de los vivos. Ante la terrible expectativa de la muerte, ante su incomprensión por parte del género humano: que en un instante la vida se convierta en un cuerpo inerte; no quedó más defensa que la creación de una imagen que hiciera comprensible lo incomprensible, que fijara para siempre la vida ante la destrucción del tiempo.
El hombre realiza con el acto de la fotografía un corte profundo en el espacio y el tiempo. Petrifica el pasado en un presente eterno, hace que ese espacio que una vez fue, vuelva a ser evocado. E incluso por conciencias que nunca lo habían tenido como recuerdo (la mirada de un niño del s.XXI de una fotografía del s.XIX).
Así, pues, la fotografía, esa sombra fugaz, a modo como las sombras de la cueva platónica, paradójicamente, resultó alcanzar la idea verdadera a través de la luz, la forma que dota de vida a lo inerte, el alma.
Os recomiendo la lectura del increíble libro de Hans Belting “Antropología de la imagen” Ed.Katz, del cual recojo muchas ideas, y, sobre todo, volver, volver siempre a Platón. En este caso su mito de la caverna, de lectura obligatoria para todo ser humano, bípedo y con al menos dos dedos de cerebro. ¡Arrivederchi!
Enhorabuena ¡¡
ResponEliminaSe ve que ya llevabas la idea de crear un blog cuando me animabas a mí con ocasión de las críticas de cuadros de arte que subí al Fb.
Son muy interesantes tus disquisiciones estético-filosóficas y seguiré con agrado, curiosidad y admiración tus escritos.
Reitero mis felicitaciones
Gracias, Carlos. Ahora te puedo responder, sin que se me vaya todo al garete.Bueno, ya has visto la trayectoria de los artículos.Todos tienen una base filosófica, e intentan una apertura mental. De ahí el título de "Impactos delirantes".Sólo que consiga que la gente reflexione durante un minuto en su vida,ya habrá valido la pena el esfuerzo.Perdona si no puedo ver tus vídeos,pero no tengo aún suficiente potencia de internet.Espero, en breve, tenerla.Saludos.
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