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| Niño refugiado en el bosque a punto de nevar. |
La tierra engulle a los diletantes, a través de sórdidos orificios, que especulan si dejarlos caminar por debajo como si nada.
Los que caminan subirán después las escaleras hacia el cielo, hasta que el aire bruno de la ciudad les friegue el rostro.
La ventisca no frenará sus pasos, ni tampoco la mirada vacía de los otros.
Seguirán, cruzarán las calles y los puentes, las plazas pequeñas y las grandes, donde los relojes no marcan el tiempo convenido, sino otro diferente.
Los caminantes se guían por este otro tiempo. Ahora, da lo mismo llegar temprano o tarde al destino, porque el fin ha dejado de ser tal.
Los hombres y las mujeres han huido de la ciudad. No saben a dónde irán. Son refugiados y para ellos el Fin de Año carece de importancia.
Lo mismo que el Año que empieza, sin refugio donde cobijarse. La vida les ha impuesto vallas elevadas que saben no podrán cruzar.
Acamparán en bosques inhóspitos a temperaturas de congelación, con niños pequeños y ancianos a los que abrigar. La guerra ha destruido su hálito vital. La Navidad los ha cubierto de nieve helada.
La mayoría son musulmanes, rechazados por otros más radicales. Buscan refugio en el Occidente que fue cristiano, ahora laico, ahora nada, porque se niegan a acogerlos.
El Occidente nada se basa en cuentas y los números no salen, porque no quieren repartir la riqueza acumulada. Su imperativo es vivir bien, y no se van a privar de algo por el prójimo.
Porque ya no hay prójimo: la religión se ha disuelto. El hombre ya no se religa a la tierra, sino al espacio de lo virtual, que es como si no “fore niente”, una brisa que se diluye.
Vuela como un pájaro, libre de compromisos. Pero el hombre no es pájaro, ni ángel; es carne, materia pura, que ha de arraigarse en un mundo despiadado, pues ha sido arrojado a él.
Empezamos el 2016 y el conflicto no se soluciona. Los refugiados arañan la puerta de la misericordia; Poncio Pilatos se lava las manos; los radicales se las manchan; pero ninguno de ellos las utiliza para crear las herramientas de la humanidad.
Humanitas, especie, colectivo, que incluye a todos los seres humanos sin distinción. No importan las fronteras cuando el hambre y el frío las corroen. No importa el sistema, cuando genera bolsas antisistémicas, anárquicas, que demuestran la ineficacia de aquél.
Intereses geoestratégicos bañados de religiones, o religiones que reclaman su espacio propio. ¿Es posible la convivencia de todas ellas, el enriquecimiento mutuo? Quizá sí, si la globalidad no las ahogase.
Lo que sirve de marco se impone en el cuadro y no deja ver la pintura. La globalidad reprime la cultura local desarraigando al hombre, conduciéndolo a la locura, el asesinato, el suicidio.
El fraticidio campea en la niebla de lo virtual que no deja ver al hermano. Cuando una persona se sustituye por otra como un simple muñeco. Jugamos a muñequitos y las personas de verdad se mueren.

Me gusta lo relacionado con tu exposición de los Refugiados 2016. Desgraciadamente hoy por hoy estamos en una Europa Económica Comunitaria sin formarse del todo,sin un líder que guie y marque los destinos de sus países, para nada hermanitas de la caridad. También estoy de acuerdo que la globalización solo ha beneficiado al gran capital; financieros y multinacionales rompiendo barreras arancelarias, pero nunca con la idea de que sus habitantes vivan mejor...El pez grande se come al chico, imponiendo su coto de caza...Me gusta su contenido
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