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| Estrella de Belén. |
Vivimos tiempos convulsos que pretenden ser revolucionarios, pero al desenmascararse, resultan retrógrados. Hay convulsión porque hay vacío: de ideas, de sentimientos, de situaciones, de valoraciones. La crisis que comenzó siendo económica se ha extendido a todos los campos. La visión del mundo actual es crítica.
Estamos en la UVI porque la sociedad se ha desmembrado: las clases sociales bordean una fractura que hace que unos pocos miembros se saturen en el polo positivo de los ricos, mientras que la inmensa mayoría se condensa en el polo negativo de la pobreza.
No hay ideas nuevas de superación, sino una vuelta a pensamientos políticos decimonónicos: resurgen los nacionalismos y los movimientos proletarios del s.XIX. Los oportunistas echan mano a estas filosofías políticas empolvadas. Pretenden acoplar la situación actual a la dada en mil ochocientos. Pero, señores, de eso hace ya un siglo y medio. ¿Más de cien años de evolución de la humanidad para nada? ¿Nada menos que dos guerras mundiales y la caída del muro de Berlín como si no fuera niente?
La evolución histórica y sus aconteceres tienen un por qué. La visión del mundo del 2014 no puede ser la misma que la de 1850. El progreso técnico, científico y humano no es baladí. Nos tiene que conducir a un futuro nuevo y no a un pasado retrógrado.
Los medios tecnológicos y de conocimiento que posee hoy en día el ser humano, tendrían que ser suficientes y sobrantes para su mayoría de edad. Ya no caben tutelajes políticos. La razón comunicativa y la tecnología deberían procurar la autonomía de cada persona para organizar su vida en comunidad.
Varias voces, diversos puntos de vista, y un barrido democrático que a modo de concepto los recorra a todos, y los refleje en una acción común: la búsqueda de mayor bienestar humano. Dicha búsqueda no se reduce a pan y circo para todos como pretenden los movimientos retrógrados. La búsqueda abre horizontes y va más allá. No se puede cercenar al ser humano con cuatro estupideces. Se ha de tener en cuenta su biodiversidad, su conciencia, su espiritualidad, su cultura y su singularidad.
Las singularidades crean cada día una geografía y una historia nuevas. Colonizamos el mundo de mil maneras diferentes. Somos biodiversidad y como tal actuamos, pensamos, sentimos, valoramos. Las redes virtuales son reflejo de nuestras redes comunicativas reales. Nos expandimos como el universo.
La biodiversidad en la que nos situamos recoge la visión griega del microcosmos ligado al macrocosmos. En Grecia el hombre no se sentía diferente del universo: lo que acontecía en éste le influía sobremanera, y todo el hacer humano era reflejo del universo. Quizá la verdadera revolución política que anhelamos esté en las estrellas. Sólo nos resta seguir su rumbo.
Hubo una vez una estrella con cola que vino de Oriente y se depositó en Belén…

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